«Los días de Birmania», de George Orwell, una visión mordaz del imperialismo inglés

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Los-dias-de-birmania-george-orwell-portadaEdiciones del Viento es una de esas editoriales imprescindibles para los enamorados de la historia, la aventura y la ficción histórica. Su catálogo está repleto de joyas olvidadas y títulos poco habituales que merecerían figurar en las mejores bibliotecas aventureras. La última delicia que he disfrutado es un título poco conocido de George Orwell, el inolvidable autor de 1984 y Rebelión en la Granja.

¿A quién no le atraen las novelas ambientadas en la India durante el período colonial inglés? Esta refleja con jocosa y ácida maestría el ambiente, allá por la década de 1920, de un pequeño pueblo birmano, Kyauktada, en el que un puñado de ingleses sobrevive encastillado en su «club europeo», rodeados por la selva y los nativos, esos «negros asquerosos e infames», en palabras de uno de los protagonistas. Y conste que los apelativos son de los más suaves que salen por su boca...

 

El señor Flory es el representante de una empresa maderera relegado a una remota provincia. Su apertura de miras hacia los nativos lo acerca al doctor Veraswami, quien tras caer en desgracia ante U Po Kyin, el poderoso y corrupto submagistrado local, necesita su patrocinio para formar parte del club social de Kyauktada, hasta ahora un reducto de los blancos. Por otra parte, la llegada de Elizabeth Lackersteen, una joven encantadora y caprichosa, provocará casi literalmente un terremoto en la pequeña comunidad.

El conflicto central de la novela es la feroz resistencia de los colonizadores a admitir en su selecto club a un nativo. Una disposición del gobierno colonial les obliga a ello, pero los escasos blancos de Kyauktada se revuelven ferozmente ante la idea, en especial el señor Ellis, gerente de otra compañía maderera, un tipo deslenguado, vulgar y brutalmente racista. Solo el señor Flory defiende débilmente la apertura, pues su pusilanimidad le impide enfrentarse a sus compatriotas (aunque los que desprecie profundamente). La llegada de la joven Elizabeth, joven casadera, caprichosa y tan insustancial como el vino aguado, de la que el señor Flory quedará instantáneamente prendado, va a alterar el frágil equilibrio del club....    

El retrato psicológico de los personajes es magistral: la cobardía del señor Flory, la soberbia del policía militar Verral, la inanidad de Elizabeth y el cretinismo mental de Ellis se enfrentan a la bonhomía idealista de doctor Veraswami (firmemente convencido, pese a los desprecios y desplantes, de la bondad del colonialismo inglés) y al carácter intrigante y manipulador del magistrado U Po Kyin. En este sentido, Los días de Birmania me ha traído a la memoria otra obra excepcional ambientada en la India del Imperio: Vinieron las lluvias, de Louis Bromfield (si no la habéis leído, ya estáis tardando).

En resumen: Orwell disecciona, al parecer basándose en sus propias experiencias en Birmania, donde estuvo destinado en su juventud, el ambiente opresivo y racista de los colonizadores y su desprecio por las gentes a las que explotaban. El resultado es un duro retablo de la colonización, pero que no debía de alejarse mucho de la realidad: muchos de sus compatriotas viajaban a la India o a cualquier lugar del Imperio convencidos de la suprema misión civilizadora de los blancos y, al mismo tiempo, de que esa misión les facultaba para desangrar a los nativos en nombre del sacrosanto beneficio económico. Una visión despiadada y, sin embargo, con gran fuerza evocadora, capaz de trasladar al lector a un mundo ya desaparecido, que anuncia ya el profundo compromiso social del autor.


 

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