Las mejores series de novelas históricas: «Las aventuras navales de Alan Lewrie», de Dewey Lambdin

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Guía de lectura de las aventuras navales de Alan Lewrie, de Dewey Lambdin

Lo siento, tengo que decirlo: la serie de novelas históricas navales de Patrick O'Brian siempre me pareció un peñazo de mucho calibre. Esto no debe de ser muy políticamente correcto, pero qué quieres que te diga. Lo más extraño es que me fascina el mar y me fascinan las novelas históricas marítimas.

Pero las de Patrick O'Brian me hacen bostezar. Lo he intentado varias veces, pero no hay forma: la boca se me abre a la quinta página. Algo tienen, o algo les falta, que es superior a mis fuerzas. Las de C. S. Forester sobre Hornblower son algo más interesantes, pero tampoco mucho más allá: destilan corrección «a la inglesa» y tanta apología de la grandeza británica que tienes que andarte con ojo si no quieres terminar cantando el God Save the Queen a pleno pulmón en el salón de tu casa.

Con estos precedentes, había decidido prescindir de las series navales británicas hasta que tuve la buena fortuna de cruzarme con Alan Lewrie... y me olvidé de tanta corrección y tanta british superiority. ¡Qué personaje, diantres! 

Olvídate de jóvenes guardiamarinas empeñados en servir a su país pese a que, para hacerlo, tengan que sufrir privaciones y empeños sin cuento. Olvídate del honor, del sacrificio y de la genialidad estratégica de los marinos ingleses.

Alan Lewrie es todo lo contrario: un rufián, un libertino sin moral ni preocupación alguna que no sea vivir a lo grande, obviamente a costa de los demás, y dejarse la piel en fiestas, bacanales y camas ajenas. Un tipo que no tiene la menor intención de servir a su país ni de enrolarse en ninguna parte, al que el destino le juega una mala pasada: su padre lo sorprende en la cama de su hermana. Sí, así como lo lees, y en el primer capítulo ya, para que sepas a qué atenerte.

Y no es que su padre (o su hermana, ya puestos) fueran ejemplo alguno de virtud, que el bueno de Alan tenía a quien salir, pero hay cosas que ni un padre manirroto y juerguista puede consentir... sobre todo si está deseando deshacerse de su primogénito.

Antes de que pueda darse cuenta de lo que sucede, Alan Lewrie se ve arrancado de la vida muelle que llevaba en Londres y arrojado a un mundo que ni sospechaba que existía. A partir de ahí, la suerte y su muy vivo instinto de superviviencia le ayudarán a sobrevivir.

¿A que es un inicio genial para una serie? Pues el resto es incluso mejor. En serio.

Si te pasa lo mismo que a mí, que te gusta el mar pero te aburre Patrick O'Brian, no te pierdas «Las aventuras navales de Alan Lewrie», de Dewey Lambdin, publicada en España por Bibliópolis y Alamut. Una serie que de novelas históricas marítimas que, por cierto, es ya todo un clásico: comenzó a publicarse en 1989 y este año acaba de salir el tomo número 25, ahí es nada.

Sin embargo, los lectores en castellano no tenemos tanta suerte, pues aquí solo han sido publicados los primeros siete tomos. (¡Eh, señores de Alamut! ¿Hay alguien ahí? ¿A qué esperan para seguir publicando la serie? ¡Háganle un favor a la humanidad! Bueno, no quiero exagerar... ¡a la humanidad castellana!).

Os dejo con las sinopsis y el orden de lectura de los volúmenes publicados en nuestro idioma. 

 


Portada de Al servicio del rey, de Alan Lewrie

Al servicio del rey, «Alan Lewrie 01»

Alan Lewrie es un libertino sin moral ni preocupaciones, y el Londres de finales del siglo XVIII ofrece numerosas oportunidades a un joven rico como él para disipar sus horas entre salones, fiestas y alcobas. Pero toda su vida se viene abajo cuando su padre lo sorprende en la cama de su hermana.

En un instante, el pobre Alan se encuentra enrolado como castigo en la célebre Armada Real, muy lejos de los placeres que tanto había disfrutado, perdido en un mundo de cabos, vergas y velas que le resulta totalmente extraño. Camino a las Américas, donde las colonias se han rebelado y aspiran a la independencia, Alan Lewrie conocerá la dura vida militar en alta mar, y para su propia sorpresa y la de todos los que le rodean, empezará a apreciarla. 

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Portada de El almirante francés, de Alan Lewrie

El almirante francés, «Alan Lewrie 02»

Alan Lewrie era un libertino, un sinvergüenza que aprovechaba al máximo las oportunidades que Londres le ofrecía para satisfacer sus más bajos instintos. Pero su vida cambió drásticamente cuando su odioso padre le obligó a enrolarse en la Armada Real.

Han pasado dos años y, para sorpresa de todos, Alan ha hecho gala de una competencia sobresaliente en su nueva vida, aun a pesar de odiar cada minuto de su estancia en el mar. Y sus penalidades no han terminado. Su nuevo destino es el Desperate, bajo el mando del capitán Treghues, que le odia como solo un puritano pude odiar a un bribón.

Por si fuera poco, la temible flota francesa ronda el Caribe, y la gran batalla naval que decidirá la suerte de las colonias americanas y segará la vida de tantos hombres se adivina en el horizonte.

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Portada de Oficial del rey, de Dewey LambdinOficial del rey, «Alan Lewrie 03»

Para sorpresa de todos y la suya propia, el libertino, dandy y sinvergüenza sin igual Alan Lewrie está demostrando ser un marino más que competente. Dos años en la estricta Armada Real de Su Majestad no solamente le han convertido en algo parecido a un hombre de provecho, sino que incluso ha alcanzado el rango de alférez y está empezando a pensar que la carrera naval no es tan mal destino, al fin y al cabo.

Su nueva misión, establecer una alianza entre la Corona britanica y los indios de Florida que podría cambiar completamente el equilibrio político de las colonias, supone una oportunidad de hacerse famoso en la metrópoli y que su nombre suene favorablemente en los círculos más altos del Almirantazgo.

Por supuesto, Lewrie no olvida que la Armada tiene la mala costumbre de convertir su vida en un infierno en cuanto se descuida… por no hablar de la habilidad natural de Alan para encontrar problemas en los lugares más insospechados, agravada por su costumbre de saltar entre las sábanas de todas las mujeres del Caribe dispuestas a ello. 

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 Portada de El corsario del rey, de Dewey Lambdin

 El corsario del rey, «Alan Lewrie 04»

Contra todo pronóstico, Alan Lewrie ha conseguido sobrevivir a la Revolución americana y a la estricta vida en la Armada Real. Ahora ha llegado el momento de la recompensa: el retorno a la vida de diletante y dandy profesional, disfrutando de la animada noche londinense, con suficiente dinero en el bolsillo, amigos con los que irse de juerga y una amante casi literalmente en cada esquina.

Pero Alan, siendo Alan, no tarda en buscar y encontrar problemas, por supuesto con faldas de por medio. Y qué mejor forma de escapar de ellos que aceptar un nuevo destino naval. Así, de la noche a la mañana se encuentra de nuevo embarcado, participando en una misión secreta para proteger los intereses de la Corona británica al otro extremo del mundo, en el Lejano Oriente.

Allí le esperan enemigos muy diferentes de los que ha conocido hasta ahora: no solo hordas de sanguinarios piratas en sus extrañas embarcaciones y sus temibles abordajes, sino también el objetivo principal de su misión, un peligroso y despiadado capitán francés que siembra el terror en los mares asiáticos. E incluso se reencontrará, por suerte o por desgracia, con alguien de su pasado al que no creía que volvería a ver jamás.

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Portada de La cañonera del rey, de Dewey Lambdin

La cañonera del rey, «Alan Lewrie 05»

El teniente Alan Lewrie no ha tenido una vida facil. Enrolado a la fuerza en la Armada Real por un padre que buscaba robarle su fortuna, ha ido ascendiendo en el escalafon a base de tesón, talento y, por qué no decirlo, alguna que otra pillería. Se ha enfrentado a la poderosa armada francesa, a feroces indios y al ejercito rebelde de las colonias, e incluso viajó en corso al Lejano Oriente, donde le esperaban los mas terribles piratas… por no hablar de sus aventuras con los más intransigentes oficiales britanicos y algún que otro marido ultrajado.

No es que no hubiera diversión en su vida: Lewrie ha tenido más aventuras amorosas que muchas tripulaciones juntas. No en vano le llaman Gato en Celo Lewrie. Es un hombre duro, acostumbrado a los desafios y a la acción. Pero ahora tiene que enfrentarse a un peligro totalmente inesperado y para el que no está en absoluto preparado: el matrimonio.

Dewey Lambdin conduce a su particularísimo héroe Alan Lewrie al Caribe, lleno de piratas y contrabandistas. Al mando de su propio barco, el Alacrity, Lewrie se unirá a la Escuadra de las Bahamas en una misión que se supone tranquila y pacífica. Pero ya sabemos que Alan tiene la extraña habilidad de encontrar problemas en los lugares más insospechados. 

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Portada de LA fragata Cockerel, de Dewey Lambdin

La fragata Cockerel, «Alan Lewrie 06»

Alan Lewrie parece haber dejado atrás las aventuras y el peligro. Lejos del mar y de los navíos de guerra, disfruta de la vida tranquila y sosegada de un caballero rural. Con tres preciosos hijos que crecen ante sus ojos, una mujer bella que le quiere con locura, sin problemas de dinero… Da la impresión de que no hay nada más que Lewrie pudiera desear.

Por supuesto, se muere de aburrimiento. Gracias a Dios, los franceses han armado una buena al otro lado del Canal de la Mancha: su llamada Revolución se ha desbocado completamente y acaban de decapitar a su rey. La guerra parece inevitable, y con ella la llamada al servicio activo que Lewrie secretamente tanto anhela.

Pero los numerosos enemigos que se ha ido creando a lo largo de los años no se han olvidado de él, y harán lo que esté en su mano para arruinar su reanudada carrera.

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Portada de El comandante del rey, de Dewey LambdinEl comandante del rey, «Alan Lewrie 07»

Alan Lewrie lleva demasiado tiempo en tierra. Corre 1793 y nuestro intrépido héroe está deseando zarpar al mando de su barco, el HMS Jester, y enfrentarse de nuevo a la armada francesa para mayor gloria de Inglaterra… y, por supuesto, para engordar su bolsa con el dinero de más capturas.

Su nuevo destino: el Mediterráneo. La Francia revolucionaria está ocupada invadiendo las numerosas repúblicas italianas y presentando batalla al ejército austriaco. La Armada Real se apresta a servir de apoyo en la campaña y, si es posible, a destruir y capturar cuantos barcos franceses se pongan a su alcance. Y qué mejor destino para Alan Lewrie que servir a las órdenes del capitán Nelson, el más intrépido de los mandos ingleses.

Pero, como de costumbre, Lewrie no puede evitar implicarse en las aventuras más peculiares: su amante, Phoebe, no se despega de él por mucho que intente seguir el camino recto; el odioso espía Twigg reaparece en su vida y requiere sus servicios en sus múltiples intrigas; y, como remate, el caprichoso destino mueve sus piezas para volver a enfrentar a Alan con su más despiadado y peligroso enemigo.
 

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