«En tiempo de halcones» y la verdadera historia de la revolución irmandiña (2)

Como os decía en la entrada anterior, en la historia oficial de la revolución irmandiña de 1467 hay cosas que no cuadran, detalles extraños que hacen pensar que algo falla. Sobre todo, uno que la historiografía tradicional no aclara: el hecho de que, de repente, en la primavera de 1467, ochenta mil campesinos y burgueses se alcen en armas. A la vez. Sin previo aviso. En un territorio tan grande como Galicia, desde Ribadeo hasta A Guarda, desde Ferrol hasta el Padornelo. Con las comunicaciones de la época, con unos caminos escasos, en mal estado y recién salidos del invierno. Y, sin embargo, el dato está ahí: de repente, hordas de campesinos se alzan y comienzan a derribar castillos y fortalezas por toda Galicia. En dos meses solo queda una en pie, la de Pambre. Más de ciento treinta torres han sido conquistadas y derribadas. ¿Tenemos que tragarnos que sucedieran así las cosas, de repente, por arte de magia, o hay algo que se nos escapa? 

Halcón volando sobre un bosque

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«En tiempo de halcones» y la verdadera historia de la revolución irmandiña (1)

Siempre me fascinaron las utopías. Peor todavía, siempre me sedujeron los intentos de convertirlas en realidad, eso que llamamos revoluciones. Es como si en mi cerebro se escondiera un imán que atrae cuanta historia de soñadores, utópicos y rebeldes se le cruce por delante. Por eso me atrapó, en su día, la alucinación del Reino Mesiánico de Münster, en Alemania, una utopía devenida en pesadilla que novela La cruz de ceniza. Y por eso me propuse narrar la historia de la revolución irmandiña de 1467, que perdura en el imaginario colectivo de los gallegos (y de nadie más, por desgracia, porque resulta completamente desconocida más allá de nuestras fronteras) como la Gran Revolución, así, con mayúsculas, como la rebelión por excelencia del pueblo contra los poderosos. Y con mucha razón, pues se trata de la primera revolución burguesa y campesina de la historia moderna europea, trescientos años antes de la Revolución Francesa. Pero, ¿cómo se originó, por qué estalló en un territorio tan periférico como Galicia?

Pico y ojo de halcón

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El otro epílogo de «En tiempo de halcones»

El otro epílogo de En tiempo de halcones novela histórica

Fernando, un buen amigo vasco, lleva meses preguntándome qué le pasó a Martiño Cabreiro tras los hechos narrados en En tiempo de halcones. Y no es el único, ya son varios los lectores que os habéis interesado por el hermano de Mencía. Lo que no deja de resultarme llamativo, pues me cuesta creer que alguien haya podido cogerle cariño a un personaje tan... peculiar como Martiño. Supongo que la intriga se debe a que en la novela no se cuenta el final de su historia. Además, se trata de unos de los «malos», y parece que se infringe alguna ley cósmica no escrita si las fechorías de los malos quedan impunes... en la literatura, claro, que en la realidad la cosa es muy diferente (supongo que se trata de algún gratificante mecanismo de compensación universal). Lo curioso es que, en efecto, hay más que contar en la historia de Martiño, cosas que se quedaron en el tintero de las revisiones editoriales...

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El origen de «En tiempo de halcones»

Hay libros inevitables. Imagino que cada escritor tiene los suyos, esos que, por mucho que se empeñe, no puede dejar de escribir. A veces son libros que salen solos, como si en alguna parte se abriera la compuerta que contiene la represa de las palabras. Otras, la sola idea de ponerte a la tarea hace que los párpados se cierren y a los dedos les entren calambres. Da lo mismo. Puedes tratar de demorarlo, pero el libro seguirá ahí, agazapado en cada historia que lees, en cada idea que se te ocurre, esperando su momento. Hasta que algo pone en marcha el mecanismo.

Garras

En tiempo de halcones es uno de mis libros inevitables. Supe que iba a escribirlo desde siempre. No literalmente, no me recuerdo con veinte años pensando «Voy a escribir una novela sobre los irmandiños». Lo que sí recuerdo es la fascinación que me despertaba la idea de unos campesinos levantándose en armas contra sus opresores y el cosquilleo de orgullo que sentía cuando leía cualquier cosa sobre esos villanos que habían osado enfrentarse a la nobleza. Cosquilleo irracional, pero ahí estaba, y todo porque esos villanos eran gallegos. Sin embargo, quizá precisamente por eso, porque la revolución irmandiña se me antojaba una proeza, nunca encontraba el momento de ponerme con ella. No se trataba solo de la necesidad de pasarme muchos meses documentándome; en realidad, me daba miedo: temía no ser capaz de hacer justicia a esos miles de campesinos, burgueses y siervos que habían tenido el coraje de enfrentarse a la violencia y la brutalidad desmadradas de la nobleza. Se trataba de un movimiento demasiado complejo, con muchos flancos, ángulos, personajes, puntos de vista... ¿Cómo contar una revolución? ¿Cómo dar vida a un país? Así, cada vez que el proyecto se me venía a la cabeza, me entraba el vértigo y lo postergaba. Una y otra vez...

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