En la Edad Media y a pleno sol

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Qué bueno lo de ayer. Pere Tobaruela, Marcos Calveiro y yo estábamos invitados por Pablo López Márquez, organizador de la Feria Medieval de Vilalba, para charlar sobre novela histórica, en una tertulia informal (que este año estamos celebrando en las ferias del libro de toda Galicia, por otra parte). Justo el día anterior, sábado, habíamos estado los tres en Vigo, en la feria, en una tarde que resultó muy entretenida. Por supuesto, nos animamos a ir, y de buena mañana nos metimos en el coche. Paramos a comer en Santiago y nos pasamos un rato muy agradable hablando de libros, cómo no, y destripando el panorama editorial actual. Con ánimo constructivo, por supuesto...

Pero lo que no esperábamos fue lo que nos encontramos al llegar a Vilalba. Porque, en vez de la habitual carpa o sala aislada, nos encontramos... con un estrado montado en la plaza de Santa María (espectacular, por cierto).

Así que nos tocó debatir sobre libros y novelas al aire libre, en plena plaza, rodeados de puestos del mercado y con una logradísima ambientación medieval allá donde dirigiéramos la vista. Y al sol, al pleno sol del verano que (por una vez, como si fuera un guiño malicioso de algún dios bromista) le dio por salir tras varias semanas de lluvia. Y aunque el sol picaba, hay que reconocer que esta sí es una forma original de sacar los libros a la calle, especialmente cuando no paramos de darle vueltas al modelo de las ferias del libro, que parece que no acaban de funcionar. De atraer a lectores, digo. Pues Pablo se ha buscado la solución él solito, sin más complicaciones: un estrado en plena plaza y hala, a hablar de literatura... Y lo mejor es que lo pasamos bien, nos divertimos (pese al sol, ¡qué calorazo!) y demostramos una vez más que, en estos tiempos, para ser escritor hay que dejar en casa vergüenzas y pudores. Menos mal que los tres que estábamos en Vilalba hace tiempo que perdimos la llave del arcón ese donde guardamos la timidez...

No os perdáis el extraño artefacto de madera con sogas que teníamos detrás. No se ven todas, pero eran, sí, ¡tres sogas! (¿Tendrían intención de colgarnos si no les satisfacía nuestra charla?). 

 

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