Las tripas de la edición: ¿qué pasa cuando se termina una novela?

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Como ya sois unos cuantos los que me habéis preguntado cuándo estará en las librerías la novela que acabo de terminar y no puedo daros una respuesta concreta (aunque os agradezco mucho el interés, por supuesto), me parece interesante contaros cómo son las tripas del proceso editorial para que os hagáis una idea de lo difícil que es concretar una fecha.

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En realidad, el punto final es de todo menos eso, un final. Cuando terminas una novela, tras los saltos, las interjecciones y los hurras de turno, comienza la etapa de morderse las uñas. Después de meses con la cabeza repleta de personajes y tramas, de repente te quedas solo, agotado y con la capacidad de reacción de un puercoespín ante un trailer de 240 toneladas a toda máquina.

Lo primero es enviar el nuevo texto a tu agente literario... y aguardar con impaciencia creciente por su reacción. Es la prueba de fuego: ¿le gustará?, ¿le parecerá una basura?, ¿le sacará muchos defectos?, ¿creerá que tiene posibilidades? Hasta ese momento, lo más probable es que el texto esté virgen de lectores, así que el tiempo de espera es tan agradable como una sesión de tortura en el potro en manos de un inquisidor sádico. Y lo peor es que sabes que el agente dista mucho de ser un amigo complaciente: su misión es desnudar los defectos del texto para que no lleguen a los lectores (y creedme, siempre tiene defectos, hasta aquellos que ni se te habían pasado por la cabeza). Tras el toma y daca correspondiente, esto no me gusta, lo otro mejor así, pues no entiendo esa escena, etc., y las revisiones y correcciones de turno, si hay suerte, llega el momento de la verdad: buscar editorial.

En este punto, el proceso diverge. En el mejor de los casos, si ya tienes relación establecida con una editorial (porque hayan publicado algo tuyo anteriormente o mostrado su interés en hacerlo), el agente enviará el texto al editor (u editora, que esta es una profesión dominada felizmente por las mujeres). La editora, antes de leerlo ella misma, pasará el texto a uno o dos colaboradores de confianza para que le entreguen informes de lectura (que, básicamente, destripan el texto y recomiendan o no su publicación). Si se pasa la criba, la editora leerá a su vez la novela y, si le interesa su publicación, hará una oferta de compra de los derechos al agente. Todo esto, ya digo, si ya existe una relación previa con la editorial, pues si no lo habitual es que el agente envíe el texto a varias editoriales a la vez, las que le parezcan más adecuadas para la novela, y que en estas se encarguen los correspondientes informes de lectura... Es la etapa de la peregrinación.

Pero sigamos. La editorial ya ha comprado los derechos y decidido publicarla. ¡Por fin! ¿Ya está todo solucionado? Pues me temo que no, todavía falta un largo proceso. Puede que a la editora le guste la novela, pero seguro que tiene una o dos (docenas) de recomendaciones que hacerte: esa escena no pega mucho, a aquel personaje le falta no sé qué... Todo con muy buenos modos, faltaría más, y mejor intención, aunque a esas alturas ya empiezas a pensar que en mala hora se te ocurrió dedicarte a escribir. Eso sí: en mi experiencia, al menos, a poco que haya buena sintonía con la editora, todas estas correcciones y revisiones mejoran sustancialmente el resultado final. Merecen la pena. Aunque duelan (¡Y duelen!).

Listo, novela terminada. ¿De verdad? Pues no, de eso nada: todavía falta la corrección: la revisión concienzuda del texto por parte de dos o tres correctores capaces de detectar una falta de ortografía, una coma mal puesta, un adjetivo repetido o una cursiva inadecuada a vista de pájaro. Son los que se encargan de dejar pulido y empaquetado el texto, listo, al fin, para llegar a los ojos del lector. ¡Pero no todavía! Tras la corrección, falta maquetar el pdf (lo que lleva su tiempo y sus necesarias nuevas revisiones, para evitar errores, saltos de línea inadecuados, problemas tipográficos, etc.), diseñar la portada (lo que requiere que el ilustrador se lea antes la novela), redactar los textos de las solapas... Cuando, finalmente, el libro llega a la imprenta (o a la edición electrónica), todavía habrá de esperar a que la editorial decida su publicación. Imaginad, por ejemplo, que todo ese proceso termina a mediados de julio. Un momento fatal para lanzar una novela, mejor esperar a septiembre, o a diciembre, o...

Concluyendo: que no, que la novela no llegará a las librerías todavía. Que la cosa lleva su tiempo. ¿Cuánto? Ojalá lo supiera. En este momento está iniciando el camino, y todavía tiene mucha faena por delante. Pobrecita, lo que le queda por sufrir, y ni siquiera se lo imagina...

 

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