Los bestiarios medievales y el origen de «Medievalario»

Como ya conté en alguna parte, Medievalario fue el inesperado fruto de la asunción de un fracaso. Tras varios años dándome cabezazos contra la pared, inesperadamente (o quizá  no tanto), llegó la inspiración: me estaba equivocando.

En realidad, lo que me pedía el cuerpo no era escribir una novela ambientada en la Edad Media, sino escribir una sobre la Edad Media. El matiz era fundamental porque le daba la vuelta a la tortilla. A esas alturas me había pasado varios años documentándome exhaustivamente sobre un amplio arco de siglos medievales y tenía la cabeza repleta de caballeros, armaduras, monjes y siervos de la gleba.

Estaba, literalmente, empapado de la mentalidad medieval. Y bastante harto de esa imagen prefabricada del honor caballeresco, la piedad monástica y la laboriosidad de los campesinos. Las neuronas comenzaban a destilar su fruto. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de escribir una novela que, en realidad, fuera un bestiario.

Solo que en él las bestias no serían animales, sino humanos...

Grifo

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Este jodido y maravilloso oficio de escritor

Tengo un colega en esto de escribir al que admiro, envidio y aprecio a partes iguales, si es que tal cosa es posible.

Lo admiro porque, según afirma, y no tengo ningún motivo para sospechar de que me engañe, disfruta como un niño escribiendo; lo envidio por su asombrosa feracidad, su capacidad para alumbrar relatos y novelas con la rapidez con la que los demás ponemos una coma, y porque gana dos de cada tres concursos literarios a los que se presenta y ya acumula, que yo sepa, más de cincuenta galardones; y lo aprecio por motivos muy diversos, entre ellos porque es un tipo cercano, cordial y un estupendo conversador, y porque me ha convertido en personaje de una de sus novelas, lo que siempre alimenta egos y sonrisas.

Y, sin embargo, no estoy de acuerdo con él. No, al menos, respecto de la opinión que a ambos nos merece nuestro mutuo oficio de escritor...

Libro abierto

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¿Arriesgas al elegir un libro o te has apoltronado?

Piensa en tus últimas cinco lecturas. ¿A qué géneros pertenecían? ¿Novela histórica, fantasía, ciencia ficción, literatura general, terror, negra...?

Así, a bote pronto, me arriesgo: todas ellas encajan en uno o dos géneros. ¿Me equivoco? Espera, no digas nada todavía.

Ahora piensa en tus diez últimas lecturas. ¿Siguen encajando en esos dos únicos géneros? Quizá no, quizá sean tres, pero el resultado no variará demasiado: si es tu caso, te has convertido en un lector poco atrevido. Te has acomodado. Te has refugiado en un confortable terreno en el que tus lecturas son tan predecibles como las lluvias en otoño.

Has hallado tu zona de confort literaria y nadie te saca de ahí. ¡Estás apoltronado!

Gafas que leen novela historica

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Ese estúpido afán de pasar a la posteridad

De vez en cuando, entre cerveza y cerveza, algún amigo me pregunta si quiero pasar a la Historia de la Literatura.

Así, en mayusculas, que impresiona más. Imagino que es una pregunta casi inevitable si te dedicas a escribir, a pintar, a cantar o a cualquier otra actividad creativa. Como si el ansia de inmortalidad fuera consustancial a los artistas. En realidad no solo a los artistas, sino a todo bicho viviente, al menos todo bicho viviente con conciencia de sí mismo y de su mortalidad, pero parece que los escritores, pintores y demás lo tenemos algo más fácil por nuestra dedicación.

Así que en cuanto la conversación nos relaja y nos pone filosóficos, surge la pregunta: «Y tú, ¿sueñas con pasar a la posteridad, que te estudien en los colegios y lean tus libros cuando mueras?».

Mi respuesta siempre es la misma...

Cima

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El equilibrio entre realidad y ficción en la novela histórica

Una de las preguntas más habituales en las presentaciones de mis libros es cómo hago para unir la historia, los hechos reales, con la ficción, los hechos inventados.

La cuestión tiene su miga porque, en efecto, la clave de una buena novela histórica estriba en el equilibrio entre la realidad y la ficción, en ser capaz de contar unos hechos sin desvirtuarlos, pero dándoles la emoción de lo vivo y haciendo que los personajes reales y los inventados se relacionen en igualdad de circunstancias.

¿Cómo conseguirlo?

Mano escribiendo

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