Punto final, ahora comienza lo duro

Ya está. Acabo de poner el punto final a una novela. Disculpadme si no os doy más datos por el momento, será que los años me van haciendo prudente (o que no quiero meter la pata, como ya expliqué aquí), pero prefiero no adelantar detalles hasta que tenga la certeza de que este nuevo trabajo llegará a vosotros. Espero que sea así, claro, y que no tarde demasiado, pero mejor no precipitarse, que nunca se sabe. Eso sí: estoy seguro de que os va a sorprender, sobre todo a los que sois lectores de mis anteriores novelas. Mucho.

Carretera invernal

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La única forma de que funcione una novela

Llevo media docena de meses enfrascado en una nueva novela. Dicho de otra forma: llevo medio año viviendo en otro planeta. Dándole vueltas en la cabeza las veinticuatro horas del día a personajes, tramas, escenarios y conflictos, peleándome con el teclado y bordeando esa frágil frontera entre el mundo real y el de la imaginación. Atrapado por una historia que me tiene en vilo, que me fascina y que lucha por salir a la superficie.

A veces la escritura fluye a borbotones, violentamente, como si temiera quedarse atorada si no se apresura a llegar a la pantalla del portátil; otras se ralentiza, se queda sin fuerza y me obliga a detenerme y a dar largos paseos a la espera de que el subconsciente realice su trabajo. El otro día, comentando todo esto con un amigo, me decía que esas son las jugarretas de las musas, que la inspiración viene y va.

Pero no, qué va. Ni mucho menos.

Niño llora

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Las historias detrás de «Medievalario»: Roi, la maldición de la belleza

La historia de Roi, el protagonista de El husmo de la tierra, se centra en el tercer estamento que conforma la sociedad medieval: los laboratores, los campesinos. Es la única que no se basa en hechos reales documentados, y ello tiene una fácil explicación: los campesinos apenas dejaron huella en los documentos escritos.

No formaban parte de la historia y sus nombres no aparecen en tratados y crónicas. Solo se puede seguir su evolución en los documentos contractuales como foros o contratos de compra venta y en los registros legales, juicios y sentencias, pero siempre como menciones aisladas, y solo en unos pocos casos con exposición de algún aspecto concreto de sus vidas. De hecho, conocemos bastantes detalles de las revueltas irmandiñas precisamente por un proceso de 1526 en el que el arzobispo Juan Pardo de Távera pleitea con su antecesor Alonso de Fonseca III sobre  la reconstrucción de las fortalezas del arzobispado.

Esa indefensión campesina fue lo que me decidió a elegir un niño para simbolizar el tercer estamento medieval.

Cacharros de cocina antigua

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Las historias detrás de «Medievalario»: Lopo Feixoo, el caballero renegado

Como ya dije en entradas anteriores, tras decidir retratar la sociedad de la Edad Media a través de un personaje de cada estamento, un monje, un caballero y un campesino, tocaba elegir a los protagonistas de cada una de las historias. En el caso de los caballeros la cuestión se presentaba complicada porque los nobles medievales gallegos distaban mucho del ideal que aspiraban a cumplir, el de defensores del conjunto de la sociedad.

Muy al contrario, lo que abundaba en Galicia eran los personajes desaforados, violentos, brutales, zafios y desmadrados, verdaderas aves de rapiña empeñadas en desangrar a los villanos, como ya sabréis si habéis leído En tiempo de halcones.

El problema además era que quería retratar el final de la Edad Media porque eso me permitiría ofrecer una visión de conjunto de la evolución de la caballería y serviría de contraste con la historia anterior, De correctione rusticorum, ambientada en una muy temprana Edad Media.

Pero en el siglo XV gallego resultaba poco menos que imposible encontrar un caballero digno de tal nombre... 

Casco y espada

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Las historias detrás de «Medievalario»: Martiño de Dumio, el santo intolerante

Una vez que decidí retratar la sociedad de la Edad Media a través de un personaje de cada estamento, un monje, un caballero y un campesino, tocaba elegir a los protagonistas de cada una de las historias.

En el caso de los oratores, los monjes, no tuve ninguna duda. El más representativo de todos ellos era Martín de Braga, también llamado Martín o Martiño de Dumio, un peculiar personaje que vivió allá por el siglo VI y que, vaya usted a saber por qué, teniendo en cuenta su vida, es tremendamente popular en Galicia. Del personaje real, quizá por vivir en los siglos convulsos que siguieron a la caída del Imperio Romano, no sabemos demasiado, y lo poco que sabemos está profundamente alterado por sus hagiógrafos: por la propia Iglesia Católica, la primera interesada en engrandecer su figura.

Sin embargo, más allá de las dudosas y muy interesadas biografías oficiales, hay algunos datos sobre su figura que son incuestionables y que me sedujeron al momento porque retrataban, sin querer, el verdadero carácter del personaje. El primero de esos hechos es su epitafio, que él mismo escribió y mandó grabar en su sepulcro... 

Tumbo de Martiño de Braga. Copyleft Jose Goncalves (Joseolgon)

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