Black Sails, la serie histórica más honesta (y entretenida) que verás sobre piratas

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series historicas: Black Sails, la serie mas honesta y entretenida sobre piratasOlvídate de los nobles piratas tipo Errol Flynn y de las muy entretenidas pero fantasiosas peripecias de Johnny Deep. Si estabas buscando una serie histórica, de piratas de verdad, una que al menos pretenda acercarse con honestidad al día a día de los hombres más crueles, sanguinarios, brutales y libres que han existido, a la vida de los miles de aventureros, desharrapados, asesinos y soñadores (unos angelitos, vamos) que huyeron o fueron expulsados de una Europa absolutista en la que todo estaba medido, controlado, repartido y adjudicado (por otros angelitos, esta vez reyes y nobles), no sigas buscando: esta es tu serie: Black Sails, emitida entre 2014 y 2017, con 38 episodios divididos en cuatro temporadas. Pero, ¿tiene base histórica?

 

La historia detrás de la serie

New Providence, 1715. El nuevo siglo ha traído muchos cambios, y no todos buenos. Atrás quedan los tiempos de los Hermanos de la Costa y de los bucaneros, filibusteros y corsarios. Durante la mayor parte del siglo XVII, hombres como Henry Morgan, Eduard Mansvelt o el temible Jean David Nau el Olonés sentaron sus reales primero en la Isla de Tortuga y después en Jamaica

Por entonces la mayor parte del inmenso territorio americano era posesión exclusiva de la corona española. Las inmensas riquezas de América viajaban cada año en las Flotas de Indias con rumbo a España para alimentar los esfuerzos bélicos de los españoles en Europa. Pero el Imperio Hispánico comenzaba a tambalearse y los demás reyes europeos querían una parte del pastel. Comenzaron a emitir patentes de corso y a mirar para otra parte cuando sus súbditos atacaban barcos, puertos, villas y ciudades españolas aunque en ese momento ambos países no estuvieran en guerra. Poco a poco, Inglaterra, Francia y Holanda fueron arrebatando islas y territorios a los españoles y asentándose en América.

Charles Vane en Black Sails

(Charles Vane: este sí que era un tipo duro de verdad).

Fue entonces cuando todo cambió. Una vez establecidas en América las nuevas potencias, los bucaneros, filibusteros y corsarios se volvieron incómodos. Muy incómodos, porque tenían la mala costumbre, alimentada por décadas de libertad, de no hacer caso a nadie. Y eso es algo que reyes, nobles y demás no suelen ver con buenos ojos. Así que Francia, Holanda e Inglaterra dejaron de emitir patentes de corso y empezaron a conceder perdones globales y a perseguir y ahorcar a los que no aceptaban abandonar su estilo de vida. Pero eran muchos los que se negaban: ¿cómo convencer a miles de hombres que se han habituado a vivir de la rapiña, el saqueo y la violencia y a no obedecer a rey ni papa alguno para que vuelvan al redil y se conviertan en granjeros y agricultores mansos y obedientes? Una vez saboreadas las mieles de la libertad, ¿quién se conforma con el pan duro de la obediencia?

Fue entonces, a principios del siglo XVIII, cuando comenzó la Edad de oro de la piratería.

Durante dos décadas, a principios del sigo XVIII, miles de piratas surcaron los mares, hasta el punto de hacer inviable la navegación. No reconocían dios ni rey y estimaban por encima de todo su independencia... que mantenían gracias a los botines obtenidos atacando a barcos de cualquier nacionalidad (suena brutal, pero... ¿no era lo mismo que hacían los Estados cuando luchaban entre sí, esto es, casi siempre?).

Los costes del comercio se multiplicaron y las colonias europeas en América empezaron a tener serias dificultades para ser abastecidas desde sus metrópolis. Durante unos años, piratas como Henry Every, Jack Rackham, Bartholomew Roberts o el famosísimo Barbanegra, al frente de verdaderas flotas de piratas, estuvieron a punto de hacerse con el control de los mares. Literalmente. Las potencias europeas comprendieron que no podían permitirse perder esta guerra naval, no solo por las tremendas pérdidas económicas que ello supondría, sino por el mal ejemplo que los piratas y sus repúblicas de libertad daban a sus oprimidos y hambrientos súbditos. Faltaría más que los pobres se les subieran a las barbas, dónde se ha visto eso. Así que contraatacaron con todas sus fuerzas

 

Nassau, la república que quiso ser libre

Es en este momento, hacia 1715, cuando se inicia Black Sails. La isla de New Providence, en las Bahamas, es un territorio seguro para los piratas, un refugio al que acuden los desheredados del mundo: piratas, prostitutas, aventureros, ladrones, cazadores de fortuna. Su objetivo es mantener a toda costa su independencia, conseguir romper las cadenas que les unen a las potencias europeas y erigirse en un bastión de libertad, sin reyes, nobles, religiones ni autoridades que estén por encima del común de los hombres. Algo que Inglaterra, que está empezando su imparable expansión imperialista por todo el mundo, no está dispuesta a consentir. Y para impedirlo tiene una poderosa herramienta: la Royal Navy.

Nassau, evidentemente, existió, y luchó tenazmente por su independencia. Posiblemente, la suya fue la última gran epopeya en la lucha contra el dominio colonial de las potencias europeas en América.

 

¿Por qué tienes que ver Black Sails?

Con todo lo anterior, si te gusta la historia y la aventura ya habrás llegado a la conclusión de que no puedes perderte esta serie. La vas a gozar como gozabas de chiquillo leyendo las novelas de Stevenson, Julio Verne o Jack London. La vas a disfrutar con el asombro y el morbo que te despiertan el horror de la violencia y el coraje de perseguir la libertad. Y la vas a saborear con el placer de sumergirte en un mundo que siempre te ha fascinado y que, por fin, puedes ver, olfatear y degustar a tus anchas. Pero si todavía no te has convencido (¡háztelo ver!), aquí tienes unas cuantas razones más:

  • Historia, aventura y leyenda, todo revuelto... y muy bien revuelto. Vas a reconocer personajes históricos legendarios, como el temible Edward Teach Barbanegra, Benjamin Hornigold, Jack Rackham, Charles Vane o una de las más famosas mujeres piratas de la historia, Anne Bonny, entremezclados con personajes salidos de la novela de piratas más leída de todos los tiempos, La isla del tesoro, como el cojo Long John Silver, el capitán Flint o el marinero Billy Bones. (¿Tienes curiosidad por saber por qué Long John Silver perdió su pierna? ¿O de dónde salió el tesoro que el capitán Flint escondió en la isla?). Por cierto, si quieres distinguir entre los personajes históricos y los que no lo son, échale un vistazo al blog Las cosas que nos hacen felices.

Flint y BArbanegra, protagonistas de Black Sails

(Flint y Barbanegra, uno histórico y otro salido de La isla del tesoro. Vaya par).

 

  • Los personajes distan mucho de ser planos, buenos o malos y se acabó. Qué va. Te vas a pasar la serie cambiando de opinión sobre este o aquel, y además lo vas a hacer de forma tan progresiva que si cuando la termines vuelves a ver los primeros capítulos te quedarás pensando cómo podías haber pensado tal cosa de este o aquel. Y eso solo quiere decir una cosa: que los personajes están magníficamente construidos, están vivos y evolucionan, cambian ante nuestros ojos y no dejan de sorprendernos. Y eso, os lo aseguro, es tremendamente complicado de lograr.
  • Es una serie hecha para entretener y mantenernos atados a la pantalla, y lo logra con creces. Pero, sobre todo, es una serie fresca, que se aleja de los estereotipos y nos muestra la crudeza, la violencia, el sexo, el lujo y la miseria, la suciedad y la ambigüedad moral con honestidad. ¿Películas de piratas que son nobles e inocentes? No, gracias, aquí hay carne, sexo y violencia. Y épica, mucha épica, diantres. Solo un ejemplo: las escenas de la conquista de Nassau de la cuarta temporada (¡no, tranquilo, no digo quién la conquista para no chafarte la historia!) son de las que no te dejan respirar. Fuerza épica, el corazón en un puño y la mirada tan atenta que te van a doler los ojos del esfuerzo por no pestañear. Eso sí, esta no es una serie para la tarde del sábado en familia... salvo que tengas una familia salvaje, claro. Que de todo hay.
  • La ambientación, las vestimentas, las armas, los barcos, la recreación de época es magnífica. Evidentemente estamos hablando de una serie, lo que implica darle un lustre especial a la mugre, pero conserva la suficiente verosimilitud como para que cuele. Y, por cierto, lo mismo podemos decir de su realismo histórico: hay alguna que otra metedura de pata y algún anacronismo (y puedes entretenerte buscándolos, no te voy a decir cuáles), pero no le quita mérito.
  • La épica otra vez: algunas batallas navales son pura sangre, sudor, realismo, crudeza y aventura. ¿Qué más queréis? No, lo siento, los viajes en el tiempo todavía no se han inventado (y menos mal: ¡no aguantaríamos vivos diez minutos en el Caribe de 1715!): esto es lo más cerca que vas a estar... hasta que la realidad virtual consiga hacer realidad tus sueños. Y los míos. 
  • ¡Me olvidaba! Otra razón de peso de las buenas: ¿a que está bueno Charles Vane? Sí, el de la silla de ahí arriba... :-)

 


 

¿Has visto la serie? ¿Estás de acuerdo conmigo o crees que se me ha ido la pinza medio kilómetro? Pues no te cortes y coméntamelo, que para eso está lo de ahí abajo. Sí, eso, donde pone «Comentarios»... 

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