Los bestiarios medievales y el origen de «Medievalario»

Como ya conté en alguna parte, Medievalario fue el inesperado fruto de la asunción de un fracaso. Tras varios años dándome cabezazos contra la pared, inesperadamente (o quizá  no tanto), llegó la inspiración: me estaba equivocando.

En realidad, lo que me pedía el cuerpo no era escribir una novela ambientada en la Edad Media, sino escribir una sobre la Edad Media. El matiz era fundamental porque le daba la vuelta a la tortilla. A esas alturas me había pasado varios años documentándome exhaustivamente sobre un amplio arco de siglos medievales y tenía la cabeza repleta de caballeros, armaduras, monjes y siervos de la gleba.

Estaba, literalmente, empapado de la mentalidad medieval. Y bastante harto de esa imagen prefabricada del honor caballeresco, la piedad monástica y la laboriosidad de los campesinos. Las neuronas comenzaban a destilar su fruto. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de escribir una novela que, en realidad, fuera un bestiario.

Solo que en él las bestias no serían animales, sino humanos...

Grifo

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Este jodido y maravilloso oficio de escritor

Tengo un colega en esto de escribir al que admiro, envidio y aprecio a partes iguales, si es que tal cosa es posible.

Lo admiro porque, según afirma, y no tengo ningún motivo para sospechar de que me engañe, disfruta como un niño escribiendo; lo envidio por su asombrosa feracidad, su capacidad para alumbrar relatos y novelas con la rapidez con la que los demás ponemos una coma, y porque gana dos de cada tres concursos literarios a los que se presenta y ya acumula, que yo sepa, más de cincuenta galardones; y lo aprecio por motivos muy diversos, entre ellos porque es un tipo cercano, cordial y un estupendo conversador, y porque me ha convertido en personaje de una de sus novelas, lo que siempre alimenta egos y sonrisas.

Y, sin embargo, no estoy de acuerdo con él. No, al menos, respecto de la opinión que a ambos nos merece nuestro mutuo oficio de escritor...

Libro abierto

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Déjame que te cuente: Pena Corneira, el bosque olvidado

A veces, la mejor forma de pasar desapercibido es llamar la atención. Así sucede al menos con la sierra de Pena Corneira, en Ourense, cuyo elemento más característico, un gran cuerno de piedra visible desde muchos kilómetros a la redonda, se eleva sobre uno de los espacios naturales protegidos más extensos, fascinantes y desconocidos de Galicia.

Un territorio de inmensos bolos graníticos que emergen entre robles, musgos y helechos como huevos prehistóricos fosilizados. Una tierra que respira historia, salpicada de pequeñas iglesias románicas y espacios etnográficos de indudable interés.

Aquí, en Pena Corneira, se levantaba allá por la Edad Media una fortaleza que perteneció a Airas Pérez, uno de los caballeros más temerarios de Galicia, que osó retener entre sus muros al mismísimo heredero del trono castellano, el futuro Alfonso VII.

¿Todavía no conoces este hechicero lugar? Pues déjame que te cuente…

Bosque de Pena Corneira

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La deslumbrante libertad del Salvaje Oeste

Portada El tramperoComo ya comenté alguna vez, una de las mejores cosas de la literatura es que no importa el tiempo que lleves leyendo o los miles de libros que hayas devorado a lo largo de tu vida: siempre hay uno más que te sorprende. Y, a menudo, cuando menos te lo esperas. Al menos, si no eres uno de esos «lectores poltrona» de los que hablaba en una entrada anterior. 

Yo no lo soy. Al contrario, me gusta adentrarme por territorios desconocidos y explorar nuevas fronteras. Me dejo atrapar por una portada, una sinopsis, un comentario entusiasta perdido en la red o simplemente por la intuición y me lanzo de cabeza, convencido de que la única forma de descubrir un tesoro es buscándolo con empeño. Y doy fe: de vez en cuando, lo encuentras.

No tengo ni idea de cómo llegué al libro que hoy reseño, El trampero, de Vardis Fisher: no pertenece a uno de mis géneros habituales y ni su sinopsis ni su portada me atraían especialmente, pero me dejé llevar por la intuición de veterano lector (y por una antigua fascinación juvenil por las películas de indios y vaqueros, eso también). Qué buena decisión. 

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¿Arriesgas al elegir un libro o te has apoltronado?

Piensa en tus últimas cinco lecturas. ¿A qué géneros pertenecían? ¿Novela histórica, fantasía, ciencia ficción, literatura general, terror, negra...?

Así, a bote pronto, me arriesgo: todas ellas encajan en uno o dos géneros. ¿Me equivoco? Espera, no digas nada todavía.

Ahora piensa en tus diez últimas lecturas. ¿Siguen encajando en esos dos únicos géneros? Quizá no, quizá sean tres, pero el resultado no variará demasiado: si es tu caso, te has convertido en un lector poco atrevido. Te has acomodado. Te has refugiado en un confortable terreno en el que tus lecturas son tan predecibles como las lluvias en otoño.

Has hallado tu zona de confort literaria y nadie te saca de ahí. ¡Estás apoltronado!

Gafas que leen novela historica

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