He tardado más de la cuenta...

(Sobre La cruz de ceniza) He tardado más de la cuenta en leer La cruz de ceniza. No ha sido ni porque no me gustara, ni porque me aburriera, ni porque se me hiciera pesada. Más bien todo lo contrario: lo que ha pasado es que ha habido momentos en que no podía seguir leyendo y cerraba un libro como quien se tapa la cara, mientras ve una película, porque no quiere que ocurra lo que sabe que va a ocurrir en la escena siguiente. Como me temía al principio y luego me anunciaste, lo he pasado fatal. Claro que eso solo lo consigue el autor si su libro está maravillosamente escrito: dominio del ritmo, dominio de la trama, dominio de lo que algunos pedantes llamamos «polifonía textual», dominio del contexto, dominio de la tensión, control de la coherencia, solidez de los personajes protagonistas... en fin, esas cosas que, si fallan, el lector no se cree nada de nada, o no se lo cree del todo. Y tan poco fallan en La cruz, que esta lectora se lo ha creído todo, todo, y más de una vez ha sentido que el corazón se le salía por la boca. Cerraba el libro un par de días porque no podía más, y luego volvía a él, ansiosa, por quería saber de Hans (¡que tío más majo!), de Paulette, de Baltasar, de Jean...
He leído las críticas en tu bloc, todas estupendas. ¡Enhorabuena! Me sorprende, no obstante, el estómago que tiene la gente: que si unos se lo han leído del tirón sin pestañear, que si a otros les ha resultado muy ameno (¿ameno?), que si han agradecido un «desenfadado humor»... ¿Es que la gente ya no tiene corassón? :-)) Vale, igual es que a mí me ha pillado un poco blandita, un poco sensiblona de más, quién sabe. Por otra parte, ahora que estoy intentando enterarme de la historia de España -y este periodo «entra» (tú que has sido profe conoces este odioso empleo del verbo)-, me ha encantado entender mejor, ampliar conocimientos, enlazar con datos, y me ha venido como anillo al dedo.