«La flor púrpura», de Chimamanda Ngozi Adichie: commovedora, brillante, adictiva

La flor purpura, Chimamanda Ngozi AdichieMe encanta cómo escribe esta mujer. No puedo remediarlo: es empezar a leer un libro suyo y quedar atrapado por la magia de las palabras. Me sucedió con Medio sol amarillo y con Americanah, una brillante disección del racismo y de la Nigeria contemporánea, y ahora me ha vuelto a suceder con la que, curiosamente, es su primera novela, que había dejado pasar por un injustificable despiste. Primera novela, sí, pero menudo debut literario...

 

La flor púrpura Chimamanda Ngozi Adichie

La flor púrpura,  de Chimamanda Ngozi Adichie

 

La joven Kambili, de quince años, y su hermano mayor Jaja llevan una vida privilegiada en la ciudad de Enugu. Viven en una hermosa casa y frecuentan un elitista colegio religioso, pero su vida familiar dista mucho de ser armoniosa. Su padre, un poderoso y respetado hombre de negocios, es un fanático católico que alienta expectativas de cariño imposibles de cumplir. Cuando los jóvenes visitan durante unos días a la cariñosa y atrevida tía Ifeoma en su humilde apartamento, descubren un mundo totalmente nuevo: el rico olor a curry que inunda el lugar, las continuas risas de sus primos, las flores exuberantes, la calidez, el respeto a las ideas, la libertad, el amor y la ausencia de castigos. Al regresar a su hogar, transformados por la libertad conquistada, la tensión familiar crece de forma alarmante.
En La flor púrpura oímos la voz de una juventud que rechaza las prohibiciones que se ciernen sobre su vida y que ahogan a su pueblo. Un relato tierno, sereno y conmovedor sobre los lazos familiares, la pasión de la adolescencia y la represión, y que trasciende el paisaje de una Nigeria convulsa para cobrar un cariz universal. 

 

Como te decía, esta es una lectura absorbente, de personajes muy vivos, de esos que resulta muy fácil imaginar a tu lado. Y es también una lectura poderosa, que te agarra por la garganta desde las primeras líneas: la historia de la joven, ingenua y atemorizada Kambili, una chiquilla que parece tenerlo todo, que vive en medio del lujo y, sin embargo no tiene nada, salvo un continuo temor.

Esta es la historia de una castración mental por culpa del fanatismo religioso del padre de familia, un empresario de éxito en la Nigeria contemporánea, un ser duro, brutal, maltratador y, al tiempo, piadoso hasta la náusea, rígido y estricto con los suyos y generoso de puertas afuera, un ser dominado por el fantasma de un dios cruel y exigente, un dios de odio que aplasta a sus creyentes con normas absurdas y exigencias febriles.

Esta es la historia de una castración mental por culpa del fanatismo religioso del padre de familia...

Pero esta es también, y ahí radica la magia del libro, la historia de un aprendizaje y una liberación. La de Kambili y Jaja que, habituados a un universo de rigidez, descubren inesperadamente que cuanto creían habitual es la excepción, que hay un mundo de alegría y respeto, de risas y comprensión, de libertad y cariño más allá de su prisión. Un proceso tan bien descrito que parece estar sucediendo ante nuestros ojos.

Pero esta es también, y ahí radica la magia del libro, la historia de un aprendizaje y una liberación.

La flor púrpura es mucho más: es también el relato de la sumisión femenina en el papel de la madre, de la adoración pública ante el gran hombre y el retrato de una Nigeria muy diferente de la imaginada desde Occidente. Una lectura indispensable para adentrarse en el fascinante universo literario de una de las grandes escritoras contemporáneas.

 

 

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