Déjame que te cuente: la batalla de Ponte Sampaio

«Déjame que te cuente» es una serie de microdocumentales que escribo y presento, en colaboración con el fotógrafo Pío García (sobre cuya calidad no necesito decir nada, basta ver las imágenes que acompañan esta y las demás entregas de la serie), para la página de turismo Galicia enteira, un interesantísimo portal en el que encontraréis un buen puñado de reportajes y vídeos sobre paisajes, monumentos, costumbres, tradiciones y rutas turísticas por Galicia. Esta que os presento hoy es la sexta entrega (me salto la quinta, sobre la fortaleza de Rocha Forte, porque ya estaba publicada con anterioridad en esta web). Ponte Sampaio

Hay lugares que se incrustan en el inconsciente colectivo. Que son sinónimo de coraje y de valor, de entereza y osadía. Espacios que retratan el carácter de todo un pueblo. Ponte Sampaio es una de esas geografías grabadas a fuego en la memoria de Galicia.

Aquí tuvo lugar una de las batallas más desiguales y asombrosas de la historia. Aquí se enfrentaron un puñado de paisanos mal equipados y peor entrenados, con unos cañones de madera tallados a toda prisa y unos cuantos mosquetes mal engrasados por toda arma, contra el mejor ejército del mundo. Y aquí, el arrojo y la entereza triunfaron sobre la más poderosa máquina militar vista hasta entonces.

En Ponte Sampaio, a los pies del puente romano que cruza el río Verduxo, el todopoderoso Imperio Napoleónico sufrió una de sus primeras derrotas: la más humillante, la más inesperada. Fue el inicio del fin. Hoy cabría preguntarse si el espíritu de la Revolución Francesa que los soldados franceses traían en sus palabras y en sus sueños no habría sido, pese a las armas, una corriente de liberación que hubiera cambiado nuestra historia. Quizá fuera así. Quizá el triunfo de Napoleón hubiera sido el triunfo de la razón frente a la prisión mental del absolutismo político y religioso. Pero los pueblos no entienden de razones: hablan con el corazón. Y Galicia, aquel día, en Ponte Sampaio, grabó en el alma de la historia una gesta de fortaleza y determinación. ¿Todavía no conoces este histórico lugar? Pues déjame que te cuente…

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«En tiempo de halcones» y la verdadera historia de la revolución irmandiña (1)

Siempre me fascinaron las utopías. Peor todavía, siempre me sedujeron los intentos de convertirlas en realidad, eso que llamamos revoluciones. Es como si en mi cerebro se escondiera un imán que atrae cuanta historia de soñadores, utópicos y rebeldes se le cruce por delante. Por eso me atrapó, en su día, la alucinación del Reino Mesiánico de Münster, en Alemania, una utopía devenida en pesadilla que novela La cruz de ceniza. Y por eso me propuse narrar la historia de la revolución irmandiña de 1467, que perdura en el imaginario colectivo de los gallegos (y de nadie más, por desgracia, porque resulta completamente desconocida más allá de nuestras fronteras) como la Gran Revolución, así, con mayúsculas, como la rebelión por excelencia del pueblo contra los poderosos. Y con mucha razón, pues se trata de la primera revolución burguesa y campesina de la historia moderna europea, trescientos años antes de la Revolución Francesa. Pero, ¿cómo se originó, por qué estalló en un territorio tan periférico como Galicia?

Pico y ojo de halcón

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Déjame que te cuente: monte Lobeira

«Déjame que te cuente» es una serie de microdocumentales que escribo y presento, en colaboración con el fotógrafo Pío García (sobre cuya calidad no necesito decir nada, basta ver las imágenes que acompañan esta y las demás entregas de la serie), para la página de turismo Galicia enteira, un interesantísimo portal en el que encontraréis un buen puñado de reportajes y vídeos sobre paisajes, monumentos, costumbres, tradiciones y rutas turísticas por Galicia. Esta que os presento hoy es la cuarta entrega.

Lobeira

Hay lugares en los que la historia se oculta. Disimula cuando pasamos por su lado, como si jugara al escondite con nuestra curiosidad. Espacios humildes, que pasan desapercibidos para el viajero despistado pero que esconden tras su sencilla apariencia verdaderos tesoros. Como este cerro que ni siquiera merece el nombre de montaña, con sus escasos trescientos metros de altitud. Y, sin embargo, el monte Lobeira es uno de esos sitios que guardan una densa historia de batallas y conquistas, de magias, hechizos, búsquedas y hallazgos. Porque Lobeira fue castro, torre y castillo antes de convertirse en la privilegiada atalaya actual, desde la que se divisa toda la comarca de Arousa. ¿Todavía no conoces este apacible lugar? Pues déjame que te cuente…

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El origen de «La cruz de ceniza»

Aunque ha pasado ya un buen puñado de años y mi memoria es, por decirlo de forma suave, aleatoria, recuerdo muy bien cómo nació La cruz de ceniza. En realidad no se me ocurrió la idea de repente ni cayó del cielo como una revelación, sino que fue gestándose poco a poco, a lo largo de muchos meses, muchas lecturas y muchas reflexiones, pero hubo dos momentos decisivos.

El primero debió de ser a mediados de 1999. Por entonces yo andaba bastante despistado. Llevaba toda la vida diciendo que era escritor, sintiéndome escritor, pero no conseguía juntar cuatro frases seguidas ni bajo amenaza. Sí, por supuesto, lo había intentado una y otra vez, llevaba años emborronando folios con historias, pero nada que tuviera la menor consistencia. Dos o tres años antes había conseguido terminar una novela que me gustaba bastante... hasta que se la dejé leer a dos o tres amigos. La tibieza de sus comentarios me convenció de que lo mejor sería dejarla reposar en un cajón (ahí sigue, imagino que profundamente relajada, a estas alturas) y ponerme con otra cosa. El problema era el de siempre: ¿sobre qué escribir? ¿Qué historia contar? Fue entonces cuando, un buen día, sin saber siquiera qué hacía allí, me encontré delante de esto...

Monasterio de Santa María de Oia, Pontevedra

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La asombrosa vida del verdadero conde de Montecristo

El conde negro, portada Unos buenos amigos, dejándose llevar por su instinto de curtidos lectores, me regalaron el año pasado este libro. Esto de regalar libros es algo complicado, sobre todo si el destinatario es lector habitual. Los que leemos mucho, lo sabéis de sobra, tenemos nuestras manías que a menudo ni siquiera tienen que ver con la calidad del libro en cuestión, sino con nuestras filias y nuestras fobias. Por eso siempre pensé que, aunque suene contradictorio, es muy arriegado regalarle un libro a un lector. Pero Pablo y Sagra (los amigos de los que os hablaba) han acertado de pleno. En la diana. Y es que hacía tiempo que no leía un ensayo tan ameno, interesante y absorbente como este. A priori, el tema puede parecer anecdótico, incluso irrelevante. Pero nada más comenzar la lectura, ya estás atrapado. Te cuento de qué va.

El conde negro es la biografía de un hombre excepcional en un tiempo excepcional. Para empezar, era negro, o al menos mulato, en un mundo de blancos: había nacido en Haití en 1762, hijo de un aristócrata y de una esclava. El padre, aunque pasó olímpicamente de él durante muchos años e incluso llegó a venderlo como esclavo, terminó trayéndolo a Europa y convirtiéndolo en su heredero. Lo que, sin embargo, le produjo a Thomas Alexandre Dumas, que así se llama nuestro protagonista, más de un problema, pues lo de ser noble en los tiempos de la Revolución Francesa era garantía casi segura de que te cortaran la cabeza. Pero Thomas Alexandre fue un ferviente partidario de los ideales revolucionarios y consiguió zafarse incluso durante la etapa más negra de la Revolución, El Terror. Pese a ser negro, esclavo y noble heredero, logró convertirse en el primer general de color de un ejército europeo, admirado por sus soldados y por sus conciudadanos por sus proezas (no solo era un magnífico esgrimista, también era un excepcional estratega y audaz como pocos en el combate)... hasta que Napoleón, al que le chirriaban los dientes de envidia cada vez que oía su nombre, decidió quitárselo de enmedio para que no le oscureciera la fama.

El conde negro no solo es la biografía de un hombre apasionante. Es también un ensayo excepcionalmente bien escrito y una lectura vibrante, que transmite con vivacidad la emoción de una vida aventurera y que, de paso, nos ofrece una interesante visión de la Europa (y el Caribe) de finales del siglo XVIII. No os lo perdáis. En serio.

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