«Viajeras intrépidas y aventureras», de Cristina Morató: la desconocida historia de las mujeres viajeras

Viajeras intrépidas y aventureras, Cristina MoratóSi te atrae la exploración tanto como un buen pedazo de hierro a un imán, seguro que conoces los nombres de un gran número de exploradores y aventureros que hicieron retroceder las fronteras del mundo, ya sea en el corazón de África, en los polos, en las cimas de las más elevadas montañas o en las selvas de América.

Pero ¿conoces alguna mujer exploradora? Quizá te suenen uno o dos nombres, aunque probablemente no puedas identificar con precisión sus hazañas. Y, sin embargo, ha habido cientos, cuando no miles, de mujeres que se han lanzado a los caminos y se han puesto el mundo por montera. Mujeres de armas tomar que han atravesado desiertos, explorado selvas, que se han adentrado antes que nadie en países ignotos y que han franqueado barreras hasta entonces infranqueables. Mujeres de vidas apasionantes que merece la pena conocer...

 

Viajeras intrépidas y aventureras Cristina Morató

Viajeras intrépidas y aventureras, de Cristina Morató

 

Mujeres intrépidas y aventureras han existido desde los tiempos más remotos, aunque la inmensa mayoría han sido silenciadas y olvidadas por una historia escrita por los hombres. Cuando miramos hacia atrás resulta difícil encontrar testimonios de mujeres viajeras anteriores a los siglos XVII y XIX, época de las grandes expediciones. Pero ¿cuándo empezaron a viajar las mujeres? ¿Cómo y por qué viajaban? Sabemos que muchas mujeres, incluso amas de casa llevadas por la curiosidad, hartas de su papel social, se lanzaron a la aventura de viajar allá donde los mapas estaban en blanco y, en ocasiones, mucho antes que los grandes viajeros, aunque ni una triste placa recuerde sus hazañas.

A lo largo de las páginas conoceremos a estas auténticas pioneras: monjas de armas tomar, piratas, conquistadoras, ladies viajeras o las olvidadas esposas de los famosos exploradores que contribuyeron al éxito de sus expediciones... Damas victorianas que viajan a la selva africana o a los desiertos de Arabia vestidas con apretados corsés, enaguas, botines y sombrillas. Que no renuncian a algunos caprichos: May Sheldon viaja en un enorme palanquín de mimbre y con su inseparable bañera de zinc, Gertrude Bell cena en el desierto con su vajilla de porcelana, cristalería y cubertería de plata...

Y así, sin importarles el riesgo, se enfrentan a caníbales, fieras salvajes y una naturaleza hostil. Algunas se visten de hombre para pasar inadvertidas, aprenden a manejar el fusil, montan a caballo como expertas amazonas o escalan montañas para mantenerse en forma.

Cristina Morató nos cuenta la apasionante vida de muchas de estas mujeres, desde Egeria, la primera viajera, a las misioneras del Tíbet, las mujeres pirata, la primera Almiranta, las damas del desierto, las pioneras de la aviación... Aventureras que han pasado ya a la historia como Mary Kingsley, Isabelle Eberhardt o Alexandra David-Néel.

 

Este es un libro necesario. Por las razones obvias, dar voz a tantas mujeres silenciadas, recuperar sus hazañas y sus vidas para equilibrar la balanza, pero también por otras razones no tan obvias: por el puro placer de la aventura, por descubrir y disfrutar con gestas desconocidas, por acompañar a sus protagonistas a través de los caminos más inaccesibles del mundo y sentir, a su lado, la llamada de la selva o del desierto, el gusanillo de la aventura. 

La reivindicación de las mujeres aventureras es, insisto, necesaria. En mi vida me he encontrado con muchas mujeres aventureras en los lugares más insólitos. Recuerdo, por ejemplo, a una mujer alemana que viajaba por el desierto de Rajastán, en India, con la mochila a la espalda... y sus cuatro hijos, todos pequeños, a cuestas. ¡Eso sí que es una aventura! Ella y tantas otras son dignas herederas de muchas otras mujeres que abrieron el camino, que rompieron con los corsés físicos y morales de sus épocas y se lanzaron a los caminos. Sin estas ilustres antecesoras, las mujeres hoy serían mucho menos libres.

Pero el libro de Morató, también ella viajera empedernida, es mucho más. Es también un feliz encuentro con cientos de aventuras, de duras gestas y descubrimientos, de aventuras capaces de abrirnos los ojos de par en par a los enamorados de la aventura. Gestas y hazañas en su mayor parte desconocidas, y aquí ya da igual que las protagonizara un hombre o una mujer: descubrir nuevas expediciones y proezas es siempre un motivo de alegría para los que disfrutamos con esa parte libre y salvaje de los seres humanos.

Un feliz encuentro con cientos de aventuras, de duras gestas y descubrimientos, de aventuras capaces de abrirnos los ojos de par en par a los enamorados de la aventura.

Viajeras intrépidas y aventureras hace un breve repaso por la historia y nos presenta a cientos de mujeres intrépidas: monjas, campesinas, aristócratas y burguesas que rompieron moldes y se lanzaron a los caminos. Es, por tanto, excelente para abrirnos un mundo de posibilidades, para descubrirnos nombres y gestas sobre las que investigar más. El libro peca de un cierto desorden interno, o al menos de un orden oculto para mí, que hace que la autora dé saltos en el tiempo de aquí para allá. E, inevitablemente, se queda a menudo en la piel, se limita a presentar a estas o aquellas mujeres, contar algo de sus vidas y poco más.

Inevitablemente, digo, pues se trata de una compilación, de una presentación que pretende presentar un panorama general. Pero cumple sobradamente su función: descubrirnos nombres y aventureras de la talla de Alexandra David-Néel, Gertrud Bell, Isabelle Eberhardt, Freya Stark, Isabella Bird, Jane Goodall...

El resto es cosa tuya, y no dudo de que lo harás: buscarás más información sobre esta o aquella mujer que te ha llamado especialmente la atención, leerás sus libros y diarios, te interesarás por su vida... Eso es, al menos, lo que me ha pasado a mí. Y feliz que estoy con tanto descubrimiento. 

 

¿La has leído? ¿Has leído algo de Cristina Morató?

 

 

Dónde conseguirlo
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