«Americanah», de Chimananda Ngozi Adichie: una brillante disección del racismo

Americanah, Chimananda Ngozi AdichieDe Chimananda Ngozi Adichie ya te hablé en el blog cuando recopilé 10 novelas de autores africanos para entender África. En aquella ocasión lo hice para hablarte de una de sus obras, Medio sol amarillo, que recrea de forma magistral las últimas décadas de su Nigeria natal. 

Hoy vuelvo a la carga con otra de sus novelas contemporáneas, esta Americanah, que la confirma como una de las más interesantes escritoras africanas de la actualidad. Y que, además, es una lectura deliciosa, que atrapa y seduce desde las primeras líneas, una de esas novelas que te hacen descubrir mundos.   

 

Americanah

Americanah, de Chimananda Ngozi Adichie

Lagos, mediados de los noventa. En el marco de una dictadura militar y en una Nigeria que ofrece poco o ningún futuro, Ifemelu y Obinze, dos adolescentes atípicos, se enamoran apasionadamente. Como gran parte de su generación, saben que antes o después tendrán que dejar el país. Obinze siempre ha soñado con vivir en Estados Unidos, pero es Ifemelu quien consigue el visado para vivir con su tía en Brooklyn y estudiar en la universidad. Mientras Obinze lucha contra la burocracia para reunirse con Ifemelu, ella se encuentra en una América donde nada es como se imaginaba, comenzando por la importancia del color de su piel. Todas sus experiencias, desgracias y aventuras conducen a una única pregunta: ¿acabará convirtiéndose en una «americanah»?

Americanah, que recoge el término burlón con que los nigerianos se refieren a los que vuelven de Estados Unidos dándose aires, es una historia de amor a lo largo de tres décadas y tres continentes, la historia de cómo se crea una identidad al margen de los dictados de la sociedad y sus prejuicios.

 

Chimananda Ngozi Adichie es una narradora nata. Una de esas mentes privilegiadas que registran el mundo con precisión de relojero, que lo diseccionan sin apenas darse cuenta y que alcanzan el meollo de la cuestión de forma natural, como si este siempre hubiera estado ahí, esperando que alguien la viera.

Mejor todavía: no solo tiene una tremenda capacidad para analizar y entender su entorno, sino que es capaz de transmitir sus conclusiones, de explicarnos el por qué de muchas cosas, en forma de relato. Es capaz de hacer avanzar la historia para que en nuestra mente se vaya dibujando un mundo y se vayan moldeando sus porqués. Y eso, créeme solo es capaz de hacerlo alguien que lleva la narración en la sangre, alguien que entiende y se explica el mundo a través de historias.

La clave está en los detalles: en la agudeza psicológica de sus percepciones, en el estilo sugerente, repleto de promesas. En el análisis despiadado a que somete a sus personajes. En la voz narrativa, rica, densa, que va dibujando para nosotros un mundo desconocido con pinceladas brillantes.

La clave está en los detalles: en la agudeza psicológica de sus percepciones, en el estilo sugerente, repleto de promesas. En el análisis despiadado a que somete a sus personajes. En la voz narrativa, rica, densa, que va dibujando para nosotros un mundo desconocido con pinceladas brillantes.

Ngozi Adichie nos pinta primero el mundo adolescente de su Lagos natal, en Nigeria, y salta después a  Princeton, en Estados Unidos, para enfrentarnos al choque cultural de una emigrante nigeriana recién llegada a Estados Unidos. Para desvelarnos un mundo de contradicciones, de racismo profundamente arraigado, de hipocresía ramplona y de prejuicios anclados en la médula de una nación que se dice defensora a ultranza de la libertad.

Pero Americanah no es, o no es solo, una demoledora crítica del racismo de Estados Unidos, ese mismo que estos días ha estallado en forma de agresiones policiales y asesinatos de manifestantes negros; también es una visión demoledora de la sociedad nigeriana y, por extensión, de la de muchos países africanos, de vidas perdidas a medio camino entre la imitación papanatas y el rechazo, habituadas a la corrupción, al enriquecimiento acelerado y a la miseria.

El resultado es una novela espléndida, redonda, que va iluminando con fogonazos la mente del lector, una obra fundamental para acercase a la realidad africana y americana de hoy; pero, sobre todo, es una novela que atrapa, una historia de vida y esperanza, de ilusiones rotas y amores eternos que se lee con deleite. Y esa es la gran virtud de Americanah: que te permite comprender un poco mejor el mundo en el que vivimos mientras te seduce con una historia intemporal.     

 

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