«Una órbita cerrada y compartida», de Becky Chambers: ciencia ficción que seduce

Una órbita cerrada y compartida, Becky Chambers, Space OperaHace varias semanas traje al bloc algo poco habitual: una reseña de una novela de ciencia ficción. De una space opera, más concretamente. No hay ninguna ley estatal que me prohíba publicar reseñas de ciencia ficción, pero reconozco por estos pagos abundan más las reseñas de novela histórica, de libros de viajes y de novelas de aventuras. 

Pero es que el libro en cuestión, El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers, es una magnífica novela de aventuras. Y también una deliciosa obra de ciencia ficción, de las que consiguen atraer lectores al género.

Hoy te reseño la siguiente novela de la autora, ambientada en el mismo universo. ¡No podía dejar de traértela!

Siempre me gustó la ciencia ficción y he leído a todos sus autores tótem, desde Asimov, Heinlein o Clarke hasta el muy actual (y muy interesante) Cixin Liu. Y algo tengo claro: nunca me encontré con una ciencia ficción tan original, tan bien narrada, tan seductora como la de Becky Chambers. ¿Te cuento por qué? 

 

Una órbita cerrada y compartida, Becky Chambers

Una órbita cerrada y compartida, de Becky Chambers

Lovelace era la inteligencia artificial de la Peregrina, una nave tuneladora. Tras despertarse en un nuevo cuerpo sintético, tendrá que empezar desde cero en un mundo donde los de su clase son considerados ilegales.
Nunca se ha sentido tan sola.
Pepper, una de las ingenieras que arriesgó su vida para reinstalar a Lovelace, se ha comprometido a ayudarle a adaptarse a su nueva vida. Porque Pepper sabe algunas cosas acerca de empezar desde cero.
Juntas, Pepper y Lovey descubrirán que, aunque el universo sea un lugar inabarcable, dos personas pueden ser suficientes para llenarlo.

 

La novela es la segunda parte, de lectura completamente independiente, de la serie iniciada con El largo viaje a un pequeño planeta iracundo: algunos de los personajes son los mismos y la historia comienza en el punto en que termina la primera novela.

Y, sin embargo, insisto, son de lectura completamente independiente, lo que no obsta para que te recomiende que las leas en el orden en que se publicaron, para conocer mejor el mundo en el que se desarrolla la acción. 

Ese aspecto, el mundo que crea Chambers, es uno de los grandes aciertos: una confederación galáctica que agrupa a muy diversos planetas, sistemas solares y especies que conviven en una armonía más o menos sostenida. La idea no es original, está claro, pero sí lo es el tratamiento: Becky Chambers rezuma sensibilidad por cada poro de su escritura, y eso se transmite al mundo que crea, a la descripción y las caracterícticas de las razas que lo pueblan y a la psicología de sus personajes. Olvídate de vaqueros espaciales y de chicos duros capaces de enfrentarse a lo que se les ponga por delante: la ciencia ficción de Chambers es radicalmente humana, incluso cuando describe razas muy diferentes.

Becky Chambers rezuma sensibilidad por cada poro de su escritura, y eso se transmite al mundo que crea, a la descripción y las caracterícticas de las razas que lo pueblan y a la psicología de sus personajes.

Pero la literatura de Chambers es mucho más. Es penetrante: indaga y reflexiona tanto sobre cuestiones universales como sobre aspectos del futuro que se nos viene encima. En este caso, la acción se centra en dos personajes solitarios y tremendamente poderosos y en los conflictos que han de afrontar.

El primero es Sidra, una inteligencia artificial creada para gobernar una nave, un ser sentiente e inteligente que se traslada a un kit humano, un cuerpo humano. De súbito, todos sus parámetros cambian: ya no tiene cien cámaras, ya no domina sistemas poderosos. Solo tiene dos ojos y unos sentidos muy limitados. El proceso de adaptación a su nueva realidad es complejo y fascinante, y hace reflexionar al lector sobre nuestra condición humana.

El segundo es Jane, una niña que no ha salido en su vida de la fábrica de reciclaje de residuos en la que vive con otros cientos de niñas como ella, creadas para dedicarse a la recuperación de la basura industrial. Y cuando digo que no ha salido en su vida es literal: ni siquiera sabe que existe el aire libre, el sol o el espacio. Solo conoce a otras como ella y a las máquinas —madres, las llaman— que las cuidan. Hasta que se ve obligada a salir al exterior y descubre el mundo... y nosotros, los lectores, con ella.

Ambos personajes son ocasiones excepcionales para reflexionar sobre la concepción del yo, la identidad y la aceptación. Y sobre mucho más: las normas sociales, el destino de nuestra sociedad consumista o las relaciones sexuales, entre otros muchos temas. Esa es una de las grandes virtudes de esta novela. La otra es lo entretenida que resulta la historia que nos cuenta.

Ya te habrás dado cuenta de que Una órbita cerrada y compartida también me ha encantado, como antes lo hizo El largo viaje a un pequeño planeta iracundo. Son dos obras deliciosas que, sin abandonar el puro entretenimiento, descubren una nueva cara de la ciencia ficción y la dotan de contenido. Una manera deliciosa de conocernos a nosotros mismos y reflexionar sobre el mundo en el que vivimos.    

 

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