La asombrosa vida del verdadero conde de Montecristo

El conde negro, portada Unos buenos amigos, dejándose llevar por su instinto de curtidos lectores, me regalaron el año pasado este libro. Esto de regalar libros es algo complicado, sobre todo si el destinatario es lector habitual. Los que leemos mucho, lo sabéis de sobra, tenemos nuestras manías que a menudo ni siquiera tienen que ver con la calidad del libro en cuestión, sino con nuestras filias y nuestras fobias. Por eso siempre pensé que, aunque suene contradictorio, es muy arriegado regalarle un libro a un lector. Pero Pablo y Sagra (los amigos de los que os hablaba) han acertado de pleno. En la diana. Y es que hacía tiempo que no leía un ensayo tan ameno, interesante y absorbente como este. A priori, el tema puede parecer anecdótico, incluso irrelevante. Pero nada más comenzar la lectura, ya estás atrapado. Te cuento de qué va.

El conde negro es la biografía de un hombre excepcional en un tiempo excepcional. Para empezar, era negro, o al menos mulato, en un mundo de blancos: había nacido en Haití en 1762, hijo de un aristócrata y de una esclava.

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Déjame que te cuente: la laguna de Antela

La laguna de Antela

A veces hay que echar a volar la imaginación. A veces, nuestros ojos nos engañan o nos cuentan solo parte de la verdad. Así sucede en la laguna de Antela, el que fue el mayor lago de agua dulce de España, situado en el corazón de la comarca de A Limia, en Ourense.

Aquí, los sentidos no son suficientes para descubrir todo lo que se esconde. Porque esta antigua laguna es un extraño territorio en el que los menhires compiten con las torres medievales, las campanas suenan bajo las aguas y los caballeros se transforman en mosquitos. ¿Todavía no conoces este asombroso lugar?

Pues déjame que te cuente…

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El otro epílogo de «En tiempo de halcones»

El otro epilogo de En tiempo de halcones

Fernando, un buen amigo vasco, lleva meses preguntándome qué le pasó a Martiño Cabreiro tras los hechos narrados en En tiempo de halcones. Y no es el único, ya son varios los lectores que os habéis interesado por el hermano de Mencía. Lo que no deja de resultarme llamativo, pues me cuesta creer que alguien haya podido cogerle cariño a un personaje tan... peculiar como Martiño.

Supongo que la intriga se debe a que en la novela no se cuenta el final de su historia. Además, se trata de unos de los «malos», y parece que se infringe alguna ley cósmica no escrita si las fechorías de los malos quedan impunes... en la literatura, claro, que en la realidad la cosa es muy diferente (supongo que se trata de algún gratificante mecanismo de compensación universal). Lo curioso es que, en efecto, hay más que contar en la historia de Martiño, cosas que se quedaron en el tintero de las revisiones editoriales...

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Déjame que te cuente: el campamento romano de Porto Quintela

Campamento Porto Quintela Una tierra perdida entre montañas, ríos y embalses. Un embalse que una vez fue río. Un río que pierde la memoria. Una memoria que nos habla de romanos y calzadas. Una calzada vigilada por un campamento de legionarios situado a la vera de un río que hoy es embalse… Sí, estamos hablando del campamento romano de Porto Quintela en Bande, en el sur de Ourense, a un tiro de piedra de Portugal. ¿Todavía no conoces este curioso lugar? Pues déjame que te cuente…

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«Medievalario», la historia de un fracaso y una redención

Medievalario historia de un fracaso

Voy a confesaros algo que hasta ahora nunca me había atrevido a contar. Por pudor, supongo, porque a nadie le gusta hablar de sus fracasos: Medievalario es, en realidad, la historia de un fracaso. O, mejor dicho, nació de los restos de un naufragio. Y fue un naufragio doloroso.

La cruz de ceniza supuso un esfuerzo intenso, años de documentación y escritura que me dejaron agotado. Mientras se publicaba y comenzaba a obtener buenas críticas y algunos modestos éxitos, me puse a buscar algún otro tema que me atrapase. Era consciente de que los tiempos editoriales son muy exigentes y que, si no publicaba una nueva novela en un tiempo razonable, los lectores se olvidarían de mí y, por tanto, las editoriales también lo harían. Durante meses leí sin tregua libros de historia, sin un plan prefijado, dejándome llevar por el impulso del momento y sin acabar de encontrar algo que me atrapara.

Hasta que me topé de bruces con el arzobispo de Compostela don Diego Xelmírez y la reina doña Urraca, que vivieron allá por el siglo XI. Hasta ese momento sabía poco de ambos, pero son unos personajes tan excepcionales, con unas vidas tan fuera de lo común, que me atraparon sin remedio. Durante dos o tres años (mientras los plazos editoriales se alargaban más y más), buceé en la historia de ambos, devoré libros, busqué datos aquí y allá, mientras en mi cabeza iba tomando forma una novela con ellos como protagonistas...

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