El equilibrio entre realidad y ficción en la novela histórica

Una de las preguntas más habituales en las presentaciones de mis libros es cómo hago para unir la historia, los hechos reales, con la ficción, los hechos inventados.

La cuestión tiene su miga porque, en efecto, la clave de una buena novela histórica estriba en el equilibrio entre la realidad y la ficción, en ser capaz de contar unos hechos sin desvirtuarlos, pero dándoles la emoción de lo vivo y haciendo que los personajes reales y los inventados se relacionen en igualdad de circunstancias.

¿Cómo conseguirlo?

Mano escribiendo

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La frase que me convirtió en escritor

Dicen que la primera frase de una novela es fundamental para captar el interés del lector. Una buena primera frase nos permite intuir un mundo, nos atrapa con su estilo y nos plantea un conflicto que nos sumerge en la historia. Una buena primera frase consigue que sigamos leyendo sin siquiera darnos cuenta, hace que nuestros ojos se deslicen por el papel (o la pantalla) y que el mundo a nuestro alrededor se difumine mientras un nuevo universo cobra consistencia.

Todos los lectores del mundo hemos experimentado más de una vez esa sensación, como si una fuerza desconocida nos abdujera y nos transportara a otro lugar.

Pero la primera frase de una novela no solo es fundamental para el lector, también lo es para el escritor... Represa

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«En tiempo de halcones» y la verdadera historia de la revolución irmandiña (2)

Como os decía en la entrada anterior, en la historia oficial de la revolución irmandiña de 1467 hay cosas que no cuadran, detalles extraños que hacen pensar que algo falla. Sobre todo, uno que la historiografía tradicional no aclara: el hecho de que, de repente, en la primavera de 1467, ochenta mil campesinos y burgueses se alcen en armas. A la vez. Sin previo aviso.

En un territorio tan grande como Galicia, desde Ribadeo hasta A Guarda, desde Ferrol hasta el Padornelo. Con las comunicaciones de la época, con unos caminos escasos, en mal estado y recién salidos del invierno.

Y, sin embargo, el dato está ahí: de repente, hordas de campesinos se alzan y comienzan a derribar castillos y fortalezas por toda Galicia. En dos meses solo queda una en pie, la de Pambre. Más de ciento treinta torres han sido conquistadas y derribadas.

¿Tenemos que tragarnos que sucedieran así las cosas, de repente, por arte de magia, o hay algo que se nos escapa? 

Halcón volando sobre un bosque

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«En tiempo de halcones» y la verdadera historia de la revolución irmandiña (1)

Siempre me fascinaron las utopías. Peor todavía, siempre me sedujeron los intentos de convertirlas en realidad, eso que llamamos revoluciones. Es como si en mi cerebro se escondiera un imán que atrae cuanta historia de soñadores, utópicos y rebeldes se le cruce por delante. Por eso me atrapó, en su día, la alucinación del Reino Mesiánico de Münster, en Alemania, una utopía devenida en pesadilla que novela La cruz de ceniza.

Por eso me propuse narrar la historia de la revolución irmandiña de 1467, que perdura en el imaginario colectivo de los gallegos (y de nadie más, por desgracia, porque resulta completamente desconocida más allá de nuestras fronteras) como la Gran Revolución, así, con mayúsculas, como la rebelión por excelencia del pueblo contra los poderosos. Y con mucha razón, pues se trata de la primera revolución burguesa y campesina de la historia moderna europea, trescientos años antes de la Revolución Francesa.

Pero, ¿cómo se originó, por qué estalló en un territorio tan periférico como Galicia?

Pico y ojo de halcón

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El origen de «La cruz de ceniza»

Aunque ha pasado ya un buen puñado de años y mi memoria es, por decirlo de forma suave, aleatoria, recuerdo muy bien cómo nació La cruz de ceniza. En realidad no se me ocurrió la idea de repente ni cayó del cielo como una revelación, sino que fue gestándose poco a poco, a lo largo de muchos meses, muchas lecturas y muchas reflexiones, pero hubo dos momentos decisivos.

El primero debió de ser a mediados de 1999. Por entonces yo andaba bastante despistado. Llevaba toda la vida diciendo que era escritor, sintiéndome escritor, pero no conseguía juntar cuatro frases seguidas ni bajo amenaza.

Sí, por supuesto, lo había intentado una y otra vez, llevaba años emborronando folios con historias, pero nada que tuviera la menor consistencia. Dos o tres años antes había conseguido terminar una novela que me gustaba bastante... hasta que se la dejé leer a dos o tres amigos. La tibieza de sus comentarios me convenció de que lo mejor sería dejarla reposar en un cajón (ahí sigue, imagino que profundamente relajada, a estas alturas) y ponerme con otra cosa.

El problema era el de siempre: ¿sobre qué escribir? ¿Qué historia contar? Fue entonces cuando, un buen día, sin saber siquiera qué hacía allí, me encontré delante de esto...

Monasterio de Santa María de Oia, Pontevedra

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