Ficción histórica: El descubrimiento que nos convirtió en seres humanos

El descubrimiento que nos convirtió en seres humanos

Sigo adelante con tu serie favorita, Historias para disfrutar con la historia. ¿Cómo? ¿Que todavía no la conoces? ¿Pero en qué agujero te has metido los últimos meses? A ver, haz memoria, ¿te suena algo sobre ficción histórica? ¡Si es que no estamos a lo que hay que estar!

Se trata de una serie de relatos novelados sobre episodios fundamentales de la historia, aquellos que hicieron que el rumbo de los acontecimientos cambiara: descubrimientos, batallas, obras de arte, inventos, ideas filosóficas... Textos breves que nos acerquen a este o aquel suceso y que sirvan para cogerle el gusto, comprender su trascendencia y, sobre todo, disfrutar con la historia. ¿Ya te acuerdas? Pues vamos con la tercera entrega...

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Ficción histórica: La batalla que decidió el destino de Roma

Cabecera historias para dusfrutar: la batalla que decidio el destino de Roma

Hace poco más de un mes te presenté la serie Historias para disfrutar con la historia, ¿te acuerdas? ¿No? A ver, haz memoria, ¿algo de ficción histórica?... Está bien, calamidad, te refresco eso que tienes entre las orejas, que ya sé que andas a cien cosas a la vez.

Se trata de una serie de relatos novelados sobre episodios fundamentales de la historia, aquellos que hicieron que el rumbo de los acontecimientos cambiara: descubrimientos, batallas, obras de arte, inventos, ideas filosóficas... Textos breves que nos acercan a este o aquel suceso y que sirven para cogerle el gusto, comprender su trascendencia y, sobre todo, disfrutar con la historia. ¿Ya te acuerdas? Pues vamos con la segunda entrega...

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Malabarismos de escritor o cómo (sobre)vivir de la escritura en el siglo XXI

Malabarismos de escritor novela historicaA veces me pregunto si el día en que decidí dedicarme a escribir a tiempo completo estaba en mis cabales. Salvo un puñado de privilegiados, ¿alguien puede plantearse vivir de escribir novela histórica en este país?

Por supuesto, mi querida madre puso el grito en el cielo cuando se lo dije: cómo se te ocurre, como editor al menos te pagan un sueldo (a ella lo de que me dedicara al mundo de los libros nunca le hizo mucha gracia, siempre me vio más como diplomático, marino de guerra, presidente del Gobierno o, si no había más remedio, profesor. Qué ojo tiene la buena mujer. Si le hubiera hecho caso, a estas alturas seguiría dejándome explotar en el primer colegio en el que fui condenado a galeras, digo trabajé).

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Historias para disfrutar con la historia

 

Cabecera serie Historias para disfrutar

Cuando era adolescente tenía una profesora de Historia a la que habría que levantarle un monumento, aunque solo fuera para poder despacharse a gusto arrojándole huevos y tomates podridos.

Ella sola se cargó la curiosidad natural de docenas de generaciones. Tenía una habilidad especial para aplastar el interés y la imaginación de los adolescentes. (Que yo haya terminado estudiando Historia solo demuestra mi inmensa estupid... digo tozudez. Digo talento. Ya lo decía mi madre: «Este niño tá lento»).

Llegaba a clase, colocaba el libro sobre su mesa, nos hacía sacar nuestro propio libro y se pasaba la hora leyendo palabra por palabra lo que ponía la lección de turno. Leía lentamente, sin entonación alguna, vigilándonos con un ojo para asegurrase de que todos estábamos siguiendo en nuestros propios libros el texto que ella leía.

Cada cierto tiempo se detenía y nos resumía el párrafo que acababa de leer, lo que básicamente consistía en releerlo un poco más rápido. Por si no nos habíamos enterado. Y tenía razón, no nos habíamos enterado... porque a esas alturas el aula era un plácido mar de ronquidos.

Después de varios meses de este procedimiento no había uno solo de sus alumnos que manifestara la menor inclinación por conocer la historia...

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Lo que se queda en el tintero

Lo que se queda en el tintero

Ya os he contado cómo surgió la idea de escribir La cruz de ceniza. Lo que nunca he contado es lo que sucedió después, una vez terminada.

Por primera vez, tenía en las manos una novela con posibilidades de ser publicada, escrita a cuatro manos con Luis Astorga. Mucho antes de poner el punto final, enviamos a varios agentes literarios, por correo electrónico, unos capítulos, una sinopsis y cuatro datos más. A las pocas semanas, dos agentes respondieron que estaban interesados. Me alegré, claro, aunque no me sorprendí demasiado: ¡estaba convencido de que la novela era estupenda!

Hoy, catorce años después y mucho más consciente de la gran cantidad de colegas que no consiguen agente ni editorial pese a ser espléndidos escritores, me doy cuenta de que la diosa Fortuna estaba aquel día de buen humor...

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