Persiguiendo paraísos: Teixedal de Casaio, el bosque perdido

Teixedal de casaio, el bosque perdido

En furgo o en avión, en coche, a pie o con la imaginación: viajar dibuja mundos en nuestra piel.

Hay ocasiones en que las distancias se estiran y se retuercen como un argumento en boca de un jesuita. El itinerario puede indicar que solo faltan cinco o diez kilómetros para la meta, pero la realidad se muestra mucho más tozuda, como si la naturaleza conspirara para mantener oculto su tesoro.

En esos casos, cuando nuestro destino parece tan esquivo como las nubes en el desierto, solo nos queda apretar los dientes, asegurarnos las correas de la mochila y seguir adelante, un paso y otro más, con la esperanza de que al final, tras ese último recodo, culminemos nuestro viaje.

Nuestra meta era el Teixedal de Casaio, el único bosque de tejos que queda en Galicia y el mejor conservado de la península ibérica: un asombroso vestigio de épocas pretéritas, de cuando, hace millones de años, durante el Terciario, grandes bosques muy diferentes a los actuales cubrían la Tierra.

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«Cherub», de Robert Muchamore: una adictiva serie juvenil de aventuras

«Cherub», de Robert Muchamore, una adictiva serie juvenil de aventuras

Cada época crea sus propios mitos. Cuando era joven, allá por los inicios del Paleolítico, devorábamos libros de aventuras en gran escala, como probablemente siguen haciendo muchos chavales de hoy entre juego de ordenador y juego de ordenador. Los nuestros eran de piratas, de exploradores perdidos en la jungla, de tesoros escondidos y de cabalgatas a lomos de camello por el desierto. O de exploraciones submarinas, de la mano de Nemo y afines. En fin, puedes hacerte una idea más apropiada de a cuáles me refiero si le echas un vistazo a Mis 15 novelas de aventuras imprescindibles.

Hoy los gustos han cambiado, claro, y las chicas y los chicos prefieren ser agente secreto antes que explorador, que ya está todo descubierto con tanto Google Maps, y traficante de drogas a simple pirata. O esa impresión tengo, vete tú a saber.

El caso es que hace unos meses, con la intención de descubrir qué novelas de aventuras leen hoy los más jóvenes, me puse a la tarea de devorar todas las que caían en mi mano. De la experiencia he sacado algunas apreciaciones:

  • que hay cosas infumables, pastiches repletos de tópicos tan capaces de avivar la imaginación como una mosca tsé-tsé de mantenerte despierto;
  • que escribir una novela de aventuras juvenil (buena, se sobreentiende) es mucho más difícil de lo que parece;
  • y que hay algunos escritores que lo bordan, tanto que sus libros se disfrutan al margen de la edad que tengas.

Uno de esos escritores es el autor de la magnífica serie que os traigo: «Cherub», de Robert Muchamore.

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«Decir no no basta», de Naomi Klein: el mundo después de Trump

Decir no no basta, Naomi Klein Voy a empezar dejándotelo claro: Naomi Klein es excepcional. Periodista, escritora, intelectual profundamente comprometida con la justicia social y, sobre todo, activista incansable, es autora de algunos de los ensayos más lúcidos, esclarecedores y brillantes de las dos últimas décadas, fundamentales para entender el mundo en que vivimos.

Si todavía no has leído nada de Naomi Klein, o ni siquiera la conoces, te estás perdiendo demasiado. Basta un breve repaso a su obra:

  • En 1999 publicó No logo, uno de los estudios más intensamente documentados sobre la influencia de las marcas en nuestros hábitos vitales y en la economía mundial.
  • En 2002 siguió con Vallas y ventanas, en el que cuenta su experiencia personal como activista antiglobalización y analiza la resistencia contra el neoliberalismo en el mundo actual.
  • En 2007 desnudó en La doctrina del shock las maniobras mediante las que el capitalismo neoliberal consigue imponer el libre mercado y la desaparición del sector público.
  • En 2014 publicó Esto lo cambia todo, un brillante y profundo análisis sobre el cambio climático, sus causas y sus consecuencias.

Cualquiera de estos libros es imprescindible para conocer el mundo en el que vivimos. Y todos ellos confluyen de alguna forma en el que hoy te comento, publicado en 2017 y escrito con la urgencia del impacto mundial que supuso el triunfo de Trump: Decir no no basta.  

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Badajoz, la ciudad en la frontera

Mis otros viajes. Badajoz, la ciudad en la frontera

En furgo o en avión, en coche, a pie o con la imaginación: viajar dibuja mundos en nuestra piel.

Hasta mi viaje por la España olvidada del año pasado no había estado nunca en Badajoz, pero si algo tengo claro es que Extremadura me gusta entera: la de las dehesas interminables y la de las sierras montañosas, la de los pueblos y la de las ciudades, la natural, la cultural y la histórica. Extremadura es un paraíso y Badajoz una de sus joyas menos conocidas.

—¿De verdad no la conocéis? Pues no sabéis lo que os perdéis... —Llevo unos días recorriendo Portugal con unos amigos, por una vez sin furgo, cuando me doy cuenta de que del otro lado de la frontera estaba Badajoz.

—Pero este es un viaje por Portugal, Fran... —dudan, los muy inocentes.

—Ya, pero la historia de este país no puede entenderse sin Badajoz —suelto el cebo—. ¿No habéis oído hablar de lo que pasó en la dehesa de Cantillana? Está solo a veinte kilómetros de aquí...

Llegados a este punto, mis amigos se dejan convencer: saben que de todas formas les voy a contar la historia, y ya que no les queda más remedio que escucharla, al menos hacerlo in situ.

El tiempo no nos da para recorrer la provincia, me habría encantado hacerlo, pero sí para pasar dos días en la ciudad. Una rápida búsqueda de hoteles para escaparte en Badajoz nos permite localizar uno céntrico, cómodo y muy apetecible, así que allí nos vamos.

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«Los dueños del viento», de Patxi Irurzun: entre akelarres y piratas

Los duenos del viento novela historicaHasta el más curtido lector se lleva una sorpresa de vez en cuando. Y a veces, solo unas pocas veces, es una buena sorpresa. Una de esas que te dejan el paladar repleto de sabores deliciosos. Aunque no fueran los que te esperabas al empezar a comer, digo a leer.

Sí, esto es lo que me ha pasado con Los dueños del viento, de Patxi Irurzun, autor que confieso no conocía. Pero claro, ¿cuándo me he resistido yo a una novela de piratas? Ni siquiera la espantosa portada (la mires por donde la mires es espantosa, no me digas que no...) consiguió disuadirme de ponerme con ella. ¡Piratas de la Tortuga, los Hermanos de la Costa, nada menos!

Hala, a leer. Y entonces, la sorpresa: pero, ¿dónde están los piratas? Autos de fe, persecuciones de la Inquisición, akelarres... Todo muy interesante, es verdad, pero, ¿dónde están los piratas?

Seguí leyendo con la mosca detrás de la oreja, hasta que me descubrí absorto con la historia, con los personajes, con Zugarramurdi y los corsarios franceses... y comprendí que ya no me importaba cuándo aparecieran los dichosos Hermanos de la Costa. Justo en ese momento, aparecieron, claro. Cómo no. Y seguí disfrutando de lo lindo.

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