Déjame que te cuente: A Cántara da Moura

Cantara da Moura En el extremo oriental de Galicia, perdido entre altas montañas, antiguos valles glaciares y densos bosques de rebollos, abedules, serbales o acebos por los que asoman, casi con timidez, pequeñas aldeas diseminadas que parecen vivir en una calma eterna, se esconde un lugar que brota directamente de las leyendas.

Muy cerca del embalse de Prada, a un paseo de la capital municipal, A Veiga, aparece de repente uno de esos rincones en los que el agua ha ido erosionando la roca, con paciencia de siglos, hasta formar un laberinto natural de cuevas, pasadizos y piscinas. En este tramo perdido del río Corzos se halla A Cántara da Moura, un lugar al que las muchachas que cuidaban del ganado solían acudir a descansar y refrescarse. Al parecer, por aquí, en alguna cueva subterránea, vivía una hermosa moura…

¿Todavía no conoces este misterioso lugar? Pues déjame que te cuente…

 

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Viajando en furgoneta camper: Ponte Caldelas, un paraíso entre cenizas

Viajando en furgoneta camper: Ponte Caldelas, un paraíso entre cenizas

Hace unas semanas, entre el 18 y el 20 de mayo, el Clube Camper Galicia, una agrupación de furgos camper de Galicia, organizó en colaboración con el principal foro de autocaravanistas y furgoneteros del país, furgovw, una quedada en Ponte Caldelas. Además de pasar un fin de semana de relax y furgo, el objetivo era visitar una de las zonas más afectadas por la oleada de incendios que devastó Galicia en octubre de 2017 y colaborar en la medida de lo posible en las tareas de reforestación.

Aunque hace ya algún tiempo que formo parte del grupo que el Clube Camper Galicia tiene en Facebook, no conocía personalmente a ninguno de sus miembros y me apetecía mucho hacerlo de una vez. Además, Ponte Caldelas siempre me ha parecido una localidad con un encanto especial, una de esas poblaciones que conservan lo mejor del pasado en su arquitectura tradicional y en su aire de plácida serenidad. Por otra parte, las continuas oleadas de incendios que sufre este país, provocadas en gran medida por una política tan salvaje como criminal y corta de miras (que lleva décadas fomentando la sustitución de frondosas por eucaliptos), es uno de los problemas ambientales que más me duelen. Con todas estas razones, ni me lo pensé y me apunté a la quedada...

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Novela histórica española: tesoros escondidos y dónde encontrarlos (6)

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Cada año se publican miles de novelas históricas en nuestro país. Imposible seguirles el rastro, imposible leerlas todas. Inevitablemente, cada año quedan enterradas entre toneladas de papel un buen puñado de novelas históricas españolas que acumulan méritos sobrados para estar en boca de todos. Historias de gran calidad a las que el mercado y la voracidad de las novedades no han dado tiempo para llegar a más lectores. Pero que los merecen y, a menudo, mucho más que otras que andan de boca en boca.

¿Quiénes mejor que los blogueros literarios, esas curiosas criaturas de curtidas papilas gustativas, para descubrirnos tesoros literarios escondidos?

En cada entrega de esta serie pongo contra las cuerdas a un bloguero o una bloquera y le obligo (con refinadísimas técnicas de tortura que, no insistas, no te voy a desvelar) a que me cuente qué novelas históricas poco conocidas le han parecido realmente brillantes y cree que merecen ser mucho más leídas...  

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«El taxidermista», de Juan Manuel Sainz Peña: una inmersión en el Madrid de los Austrias

El taxidermista sainz pena Esto me va a costar, ya te lo advierto: me va a costar ser objetivo, aunque lo intentaré. Pero, ¿cómo vas a serlo al reseñar una novela en la que uno de los personajes eres tú? 

Sí, has leído bien: uno de los personajes de El taxidermista soy yo. Y no me refiero a que coincidamos en el nombre. Qué va. Me refiero a que uno de los protagonistas soy yo mismo. O, al menos, un trasunto mío visto a través de los ojos del autor y trasladado al siglo XVII: un Fran Zabaleta vigués, calvo y escritor de novelas históricas como La cruz de ceniza, convertido en tabernero en el Madrid de los Austrias. 

Ya. Cosas veredes, amigo Sancho. Te aseguro que es de lo más curioso pasar una página y leer, en el encabezado de un capítulo: Madrid. Taberna de Fran Zabaleta. Y unas líneas más abajo encontrar que dicen de ti:

 

«Se arrimaba a la taberna de Fran Zabaleta, un vigués de mirada atenta, zascandil y truhan con los vinos que servía (...) Bablia había leído muchos de los escritos de Zabaleta, libros que hablaban de tiempos no tan remotos, de caballería, héroes y meigas de su tierra. Todo tratado con esa suerte de retranca tan gallega, que ora parece que afirma y al punto niega...»

 

La culpa del desaguisado la tiene Juan Manuel Sainz Peña, un escritor jerezano del que ya os he hablado más de una vez y que ha colaborado en este blog con un interesante artículo, Todo lo que no ves cuando lees novela histórica), posiblemente el escritor más galardonado del país. Nos conocimos hace algunos años y desde entonces hemos compartido buenos momentos por los tabancos de su tierra, con una jarra en la mesa y conversando, cómo no, sobre este duro oficio que compartimos. Quizá de ahí le vino la idea de convertirme en tabernero...

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Viajando en furgoneta camper: A Lanzada, la playa de la fertilidad

A Lanzada, la playa de la fertilidad

No han pasado diez días desde que regresé de mi viaje de ochenta días en furgoneta camper por la España olvidada cuando el gusanillo del movimiento empieza a hacer de las suyas en mi tripas. De repente las lluvias y el frío son solo un recuerdo difuso, hay que ver lo rápido que olvidamos el mal tiempo, y el sol reluce con unos hermosos veintimuchos grados.

Con este panorama, la idea de quedarme en casa atado a un ordenador se me antoja un desperdicio, así que lío el petate en unos minutos y antes de que pueda pensarlo dos veces estoy subido en la furgo, la Lagartija, y buscando destino.

Con este tiempo apetece playa, claro, y uno de los privilegios de vivir en la costa es que hay muchas donde elegir. O al menos en teoría, si eres textil y lo que buscas es una simple playa. Pero si eres nudista como yo las opciones se reducen considerablemente...

La primera elección es Barra, en la península de O Morrazo, un paraíso de aguas transparentes entre pinares, pero la conozco demasiado bien, llevo yendo a ella media vida, y está demasiado cerca, así que al final me decido por la playa de Bascuas, en la ría de Pontevedra, mucho más pequeña pero con una gran ventaja: está al lado de A Lanzada, y tengo ganas de visitar su ermita, parte de un antiguo castillo medieval, el lugar en el que resistieron los últimos irmandiños, allá por el siglo XV. Un lugar cargado de historia que siempre es un placer visitar.

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