«El infiel», de David Ball: una adictiva novela histórica de aventuras

Portada de El infiel, de David Ball

Aunque creas que eres tú quien elige los libros que lees, no te hagas ilusiones, me temo que es justo lo contrario: son los libros los que te eligen a ti.

Que sí, piénsalo un poco: ¿cuántas veces te has descubierto leyendo un libro inesperado, de esos que que no entraban en tus planes... y que te está encantando?

Pues eso es lo que me ha pasado con este El infiel, de David Ball. No entraba en mis planes. No conocía al autor; no había oído hablar del libro; la portada me deja bastante frío; la época en la que se inicia, la guerra franco-prusiana de 1870, pues ni fu ni fa; y tengo algo así como un millón y medio de libros, tirando por lo bajo,, mejor posicionados que él en la pila de pendientes.

Así que, ¿por qué iba a darle una oportunidad y concederle el privilegio de saltar hasta el primer puesto?

Pues por eso: porque son los libros los que nos eligen, y no al revés. Así que no te resistas más y déjate llevar. Por ejemplo, hasta aquí.

Menos mal que mi sexto sentido libresco es más listo que yo, porque anda que no he tirado la pasta veces y más veces en libros que estaba seguro que me iban a encantar y resultaron infumables (y lo peor no es la pasta tirada, es que diez o veinte años después siguen ahí, en la estantería, guiñándote el ojo con recochineo cada vez que pasas por delante. Solo por eso, ¡qué gran invento son los libros digitales!).

Vale, me concentro.

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El ocaso del imperio romano: «El águila en la nieve» de Wallace Breem

Portada de El águila en la nieve, de Wallace breem

Wallace Breem no fue un escritor muy prolífico. Para qué negarlo, Alejandro Dumas lo miraría por encima del hombro con el mismo desprecio con que le daría un capón a uno cualquiera de sus setenta y seis negros literarios si este le dijera él también era escritor porque acababa de publicar un libro. Ya me lo imagino respondiéndole: «Estimado amigo, vuelva usted a decírmelo cuando haya publicado al menos cincuenta y entonces hablaremos».

No es el caso de Breem, me temo. Ni falta que hace. Hasta donde he podido averiguar, solo nos dejó tres novelas: El leopardo y la montaña, ambientada en la India del imperio británico; El enviado de Roma, que sitúa la acción en la época del emperador Augusto, en el inicio del imperio romano; y esta que te traigo hoy, El águila en la nieve, que se centra en la defensa del Rin frente a las invasiones de los pueblos bárbaros. Está claro que a Breem le tiraba la parafernalia imperial más que el té a una lady victoriana. Y me alegro mucho, porque pocos han sido capaces de reflejar tan bien la mentalidad y las contradicciones de los imperios. Por cierto, las tres han sido publicadas en castellano por Alamut...

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Novela histórica española: tesoros escondidos y dónde encontrarlos (2)

Novela histórica española: tesoros escondidos y dónde encontrarlos (2)

Hace unas semanas te comentaba que la casa común de la novela histórica española parece el camarote de los hermanos Marx, tan repleto que cada vez que te mueves le clavas el codo en el ojo a algún compañero escritor (y de vez en cuando incluso sin mala intención).

Con este panorama, y viviendo en el país en que vivimos, lo asombroso ya no es que alguien te lea, sino que alguien sepa que existe tu libro, sobre todo si no publicas con una de las grandes editoriales (que cada vez son menos: a este paso, si los peces grandes siguen comiéndose a los chicos y fusionándose entre ellos, van a quedar dos o tres. Con muchos «sellos editoriales», pero dos o tres). 

Y, sin embargo, hay un montón de tesoros ahí abajo, en el fondo del mar. Novelas de una calidad sobresaliente que se merecen muchos más lectores y lectores que se merecen esas novelas. Si todavía crees que las obras de calidad terminan abriéndose paso de una forma u otra, por la simple fuerza del mérito y el boca a oreja, lamento informarte de que los Reyes Magos no existen: no, lo siento. Hay miles de obras maestras que nadie conoce... y miles de engendros (¿a alguien le suena El código da Vinci?) que han vendido millones de ejemplares.

Pero la batalla continúa, y el boca a oreja hoy es un «blog a lector». Si hace unas semanas te descubría algunos de mis tesoros literarios escondidos, hoy le he pedido a David Yagüe, que además de escritor está detrás del magnífico blog de novela histórica XX siglos, que nos desvele sus tesoros escondidos.

¿Quieres novela histórica de calidad y poco conocida? Aquí la tienes...

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Cuando la novela histórica se cruza con la fantasía: «La reina demonio del Río Isis», de Gabriel Romero de Ávila

Portada de la novela La reina demonio del río Isis de Gabriel Romero de Ávila

En vaya líos me meto, si es que no aprendo. A ver, ¿qué necesidad tenía yo de comprometerme a leer esto? Pues anda que no tengo mil libros pendientes, que me los salto todos y me pongo con La reina demonio del Río Isis. Y todo por el puñetero Facebook.

Me explico. Conocí a Gabriel Romero de Ávila cuando lo atraje a mis redes (sociales, malpensado) creo que con la excusa de un sorteo de mis libros. Entre que es escritor y que tiene nombre de ídem (llamándote así solo puedes ser escritor o marqués), me entró curiosidad y nos pusimos a charlar, que si el libro tal, que si no hay nada como, ya sabéis, tonterías de tipos creciditos que no tienen otra cosa mejor que hacer que dedicarse a contar historias (falsas, of course).

Y resultó que además los dos vivimos (al menos esta temporada) en Vigo y que a la vuelta de la esquina tocaba la Feria del Libro, así que pasó lo que tenía que pasar: quedamos, charlamos más todavía, descubrimos que compartíamos gustos similares, nos caímos bien e intercambiamos teléfonos.

Qué bonita historia de amor.

Pero todas las historias de amor terminan tarde o temprano, y la mía se hizo añicos cuando llegué a casa y me encontré con un ejemplar de La reina demonio del Río Isis pendiente de lectura. «Bueno, ya caerá algún día», pensé, observando esa portada tan poco... clara. Y lo dejé en alguna parte.

Y entonces fue cuando me di cuenta de que este Gabriel es un zorro. Unos días después publicó en su blog (aún encima el cabrito tiene un blog puñeteramente bueno, repleto de cosas interesantes), un artículo sobre mi novela El bando perdedor... poniéndola por las nubes. Ya le vale.

No me quedaba otra cosa que corresponderle. Lo dicho, un puñetero lío, porque, ¿qué diantres iba a decir si no me gustaba su libro? Lo que, con esa portada tan poco clara y ese título tan... demoníaco, era más que probable. Así que tragué saliva varias veces, me encomendé a las musas y me lancé a la lectura.

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Las mejores series de novelas históricas: «Las aventuras navales de Alan Lewrie», de Dewey Lambdin

Guía de lectura de las aventuras navales de Alan Lewrie, de Dewey Lambdin

Lo siento, tengo que decirlo: la serie de novelas históricas navales de Patrick O'Brian siempre me pareció un peñazo de mucho calibre. Esto no debe de ser muy políticamente correcto, pero qué quieres que te diga. Lo más extraño es que me fascina el mar y me fascinan las novelas históricas marítimas.

Pero las de Patrick O'Brian me hacen bostezar. Lo he intentado varias veces, pero no hay forma: la boca se me abre a la quinta página. Algo tienen, o algo les falta, que es superior a mis fuerzas. Las de C. S. Forester sobre Hornblower son algo más interesantes, pero tampoco mucho más allá: destilan corrección «a la inglesa» y tanta apología de la grandeza británica que tienes que andarte con ojo si no quieres terminar cantando el God Save the Queen a pleno pulmón en el salón de tu casa.

Con estos precedentes, había decidido prescindir de las series navales británicas hasta que tuve la buena fortuna de cruzarme con Alan Lewrie... y me olvidé de tanta corrección y tanta british superiority. ¡Qué personaje, diantres! 

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